En este Adviento, la Espera se escribe con A

 

 

INMACULADA …

1ª LECTURA (Génesis 3, 9-15. 20.)

Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre: Dónde estás? El contestó: Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí. El Señor le replicó: Quién te informó de que estabas desnudo? Es que has comido del árbol que te prohibí comer? Adán respondió: La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí. El Señor dijo a la mujer: Qué es lo que has hecho? Ella respondió: La serpiente me engañó, y comí. El Señor Dios dijo a la serpiente: Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón. El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

SALMO RESPONSORIAL (Ps 97)

Cantad al Señor un cántico nuevo,

porque ha hecho maravillas:

su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.

 

El Señor da a conocer su victoria,

revela a las naciones su justicia:

se acordó de su misericordia

y su fidelidad en favor de la casa de Israel.

 

Los confines de la tierra han contemplado

la victoria de nuestro Dios.

Aclama al Señor, tierra entera;

gritad, vitoread, tocad.

 

 2ª LECTURA (Efesios 1, 3-6. 11-12.)

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria.

EVANGELIO (Lucas 1, 26-38)

El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de galilea llamada Nazaret, a una muchacha desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la muchacha se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: Alégrate, llena de gracias, el Señor está contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres. Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Y María dijo al ángel: Cómo será eso, pues no conozco a varón? El ángel le contestó: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible. María contestó: Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Y la dejó el ángel.

Homilía de Adviento, Elogio de la espera 

Cuando se haga incómoda,

cuando se torne impopular,

Incluso cuando sea peligroso decir la verdad

entonces es cuando la verdad debería ser dicha. O cuando menos buscada…

Nadie espere que venga a enunciar ninguna verdad de esas que ya quedaron enunciadas en letras de molde, esos dogmas que costaron litros de sangre y de saliva la mayoría. La historia registra crueldades sin número y rebuscadas, como sacarle los ojos o mandar matar al propio hijo, poniendo por motivo la defensa de uno de esos dogmas.

Me siento hoy a enumerar algunas verdades que las abuelas de silla en la puerta al sol de la tarde ya comentaron largamente antes que yo.

María inmaculada, ella, su concepción y cuanto la rodea. Si es María abierta al amor sin recámara, disponible, viva hasta el último átomo, si es esa mujer que sabía soñar despierta un mundo mejor, la chica que proclamó algo parecido al Magníficat, sembrando la revolución de la justicia para que su hijo encontrara el terreno bien abonado, la misma que preguntó cómo sería porque de tonta no tenía ni un pelo, María la enamorada, de José, de su Dios, de su hijo y de la paz. Esa que se parece a tantas de nuestras abuelas, de nuestras madres o hijas, esa es mi María.

Es la mujer precisa: Myriam

en el lugar preciso: una aldea, Nazaret

en el momento preciso: enamorada

Para los enamorados el tiempo es todo él lugar de encuentro con la luz. Cuando vives en amor como dice el poeta “ni cansas ni te cansas”. La apertura es total y no es que venga Dios a morar en ti, porque, que no os engañen, Dios mora donde le place y suele morar en todas sus criaturas, como buen enamorado, no podría estar alejado o fuera de lo amado; pero tantas veces no estamos abiertxs a su Presencia, nos perdemos sus regalos, el Aliento de su Voz, su Paz,… ¿porque no nos enseñaron quienes sabían? o ¿porque precisamente nos enseñan quienes no saben y nos llevan con ellos a la misma ceguera que ellos padecen?

Este relato no contiene un discurso teológico, es solo hechos, diálogo, un encuentro. María sabía encontrarse con la Vida en ella y la sabía escuchar. María carne de nuestra carne, humana hasta la última consecuencia, igual que tú y yo y la otra y quienes acarreamos siglos y milenios de paciencia en expectativa, en ansia y hambre. Myriam era hija de un pueblo que sabía esperar, de espera y esperanza, porque mil tropiezos, deportaciones y vejaciones, le habían enseñado que todo tiene un final; hija de un pueblo que, ante la desgracia y la esclavitud se ponía en camino, desde Abrahán y Sara, pasando por Moisés y Myriam su hermana la profetisa y los profetas itinerantes. Myriam parió a un hijo que no esperó sentado a la sombra de un árbol sino que surcó su tierra en busca de qué salvar, en busca de quien buscara salvarse. Myriam supo ponerse en camino para visitar a su prima, era preciso, había que ir y fue.

Esa capacidad de decisión, esa libertad son lo que nos valieron la salvación ¿cuándo lo hemos olvidado? ¿Cuándo hemos olvidado nuestra soberanía de hijos e hijas capaces de ser interlocutores del mismo Dios de tú a tú, capaces de contestarle según nos plazca y capaces incluso de decirle que no? Y también hemos olvidado la furiosa, rabiosa, extraordinaria potencia que tiene un sí pronunciado libremente.

La respuesta libre hace inmensamente fuerte a quien la pronuncia, conlleva un compromiso con lo profundo del ser, permite la entrega, de unx mismx y de la propia vida si se necesitara. No olvidemos que Myriam de Nazaret pudo haber dicho que no, que tal vez otras antes que ella lo rehusaron. Su Sí necesita esa libertad rotunda para construir su proyecto. Cuando escucho a las Católicas por el derecho a decidir http://catolicasporelderechoadecidir.net/inicio.php y atiendo a su compromiso, me va sonando a música conocida. Su pretensión es nuestra libertad, para que sí o para que no, porque –entre otras cosas- si no es un nacimiento consentido nada asegura que “lo que viene en camino” se pueda criar como ser humano cumplido. Antes de defender a quien todavía no ha nacido, es preciso poner todas las condiciones para que su madre pueda darle la vida como una persona dueña de sus decisiones. Dios no violó a Myriam, el ángel preguntó, eso significa que aceptaba un no por respuesta. De la misma manera, cuando ella decide llevar adelante su embarazo, es preciso defender su postura, se juega la vida en ello. De vez en cuando tenemos que recordar que Jesús iba a ser abortado, su madre muerta a pedradas, porque un poder patriarcal tenía derechos sobre la supervivencia de su mamá, o eso creía. La vida era sagrada siempre y cuando no se cuestionara la honra masculina. Jesús nació porque José renunció a ejercer su derecho a matar. ¡Vaya! él sí lo tenía…

No puedo pasar por alto el gran entusiasmo que suscita entre los cristianos la “defensa de la vida” cuando se trata de fetos, proyectos de vida probable, y lo poco que nos mueven los niños y niñas nacidos que mueren por el hambre, las enfermedades, o los abusos… como la niñita colombiana, Yuliana, angelito de 7 años que falleció esta semana tras ser violada y torturada por un señor caprichoso, http://www.eluniversal.com.mx/articulo/mundo/2016/12/7/asi-secuestraron-la-nina-colombiana-que-fue-violada-y-asesinada ; como las criaturas abusadas por el clero, esos mismos que luego vendrán a decirle a una niña violada que si aborta quedará excomulgada. Ya basta de hipocresía. Este Adviento el mismo papa dio permiso para dar la absolución a las mujeres que habían abortado. Un señor, él solito, decide a quién y qué cosas Dios va a perdonar, cuando le parece bien. Todos aplaudieron. No puedo aplaudir el ejercicio de lesa Divinidad, el monopolio de la distribución de la misericordia divina por un ser humano, sea quien sea. No puedo aplaudir que durante tantos siglos las mujeres hayan sido criminalizadas hasta el punto de que se les negara el perdón divino, el mismo perdón adquirido para ellas con la sangre de quien se entregó para la multitud, para todos que todas supieran eso mismo: que Dios es amor infinito, perdón infinito. ¿Qué es un hombre que entrega su vida, aunque sea el Divino Maestro, qué es sino una vida abortada? con 5 meses de gestación o 33 de vida fuera del útero, es un aborto, una vida segada. Que se lo digan a las madres de esos niños y niñas de Alepo cuyos papás llevan en brazos por calles devastadas, cual muñecos de trapo. Díganme por favor… ¿esos abortos no los ve nadie? ¿A quiénes los bombardean les podremos o no dar la absolución? ¿y a quienes los mandan? ¿y a los que bendijeron sus cañones? ¿Por qué solo se habla de perdonar a mujeres que abortaron como si fuera el mayor crimen?

Es descorazonador que siempre que hablen de ella se refieran al estado de sus genitales. Myriam no era un útero con pies. Soy consciente de las sensibilidades que voy a herir pero necesitamos y ya ahora, no podemos esperar más, que Myriam, María, la que educó al Salvador y le dio de mamar, y lavó sus pañales como dice el villancico, y sonó sus mocos y lo levantó del polvo los días de rodillas rasguñadas… necesitamos que vuelva. Necesitamos que con el niño que nace toda la humanidad pueda renacer, empezando por su madre.

Necesitamos que se sepa que una mujer, ella solita, nos parió, como pariste tú y parí yo, a Dios. Y no fue fácil, nunca es fácil traer una criatura al mundo.

La historia de nuestra salvación pendió de una mujer, que no era solo un útero acogedor y aquiescente, un receptáculo para una obra maestra, un tarro vacío. No respondieron sus benditos ovarios al ángel, respondió todo un ser humano al completo, incluyendo también su aparato reproductor. Fue un SÍ gigante que todavía hoy resuena entre la música de las galaxias, un SÍ bendito que me sirvió de molde para mi propio sí cuando, en lugar de preguntar, como ella “¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?” tuve que preguntar: “¿Cómo será eso, pues no soy varón?” cuando también a mí se me pidió, como a María, y a tantas más, que por mis manos, pudiera llegar el Señor a alimentar a su pueblo. En el altar, cada domingo, antes de decir “este es mi cuerpo”, “este es mi sangre”, elevo mi homenaje a la primera y la única que tuvo y tiene derecho a decirlo, en el pesebre y en el calvario. Ser de su estirpe, humana y hembra, es un gran honor nunca merecido pero lo llevo con la cabeza alta: “hágase en mí según tu palabra”. Siempre está conmigo, con él, porque una madre nunca está lejos de su hijo, nunca, ni vivo, ni muerto. Las madres que me leen lo saben. Si más madres predicaran, tendrían cosas que decir que nunca se han dicho en un púlpito… bueno, algunas ya empezamos.

 

En este relato la vemos, sola, ante la decisión de su vida, preguntando lo que no entiende y discerniendo, en diálogo y no sumida en el silencio. Fuera como fuera el momento vivido en su realidad histórica, el relato evangélico, deudor del género del relato bíblico -que dice las verdades con más delicadeza que quien escribe estos renglones- pasó algo que le cambió la vida radicalmente. A veces me pregunto si esa preñez, ese llenarse toda de Dios, el vaciamiento de sí misma, esa acogida radical, no fue una iluminación, la metanoia o conversión total y definitiva. Myriam fue sin duda una gran maestra espiritual, a Jesús no lo educó cualquiera.

Señora María, nos la subieron a los altares, allá lejos, nos la rodearon de nubes y angelotes mofletudos y nos la robaron a las otras señoras pequeñitas que penamos por retener una centellita de luz que pasa de vez en cuando delante de nuestras pupilas y nos deja el corazón cual horno de cocer el pan.

Esperar es, según el diccionario, quedarse en un lugar con paciencia hasta que algo ocurra. Esperar también es hacerse la encontradiza como la enamorada se pierde por la calle de su amado por si acaso.

Esperar es sacar toda esa fuerza que hay en ti, levantar la cabeza, y saber que puedes, que se puede contar contigo, aunque seas bajito, aunque no tengas piernas, aunque te falte un ojo, aunque nadie te quiera, aunque seas alcohólico, aunque seas mujer, negra o mestiza, india o lesbiana, gay, transexual,… arriba esa cabeza. El nuevo documento de la Santa Sede “el don de la vocación presbiteral” vuelve a apartar del cuerpo de Dios a las mujeres y a los homosexuales, es decir a lo que pueda recordar lo femenino bajo todas sus formas. http://www.clerus.va/content/dam/clerus/Ratio%20Fundamentalis/El%20Don%20de%20la%20vocaci%C3%B3n%20presbiteral.pdf. Casi es un alivio ver que está íntegramente dedicado a la mitad de la especie humana (en realidad, en estadísticas recientes, leí que somos el 52% de la humanidad, es decir, mayoría).

Espero la Navidad, tal vez como una persona enferma en un hospital espera que amanezca, alguien viene, te cuidan, te dan el desayuno, te ayudan con la ducha, todo duele menos y puedes pensar que hoy te irá mejor porque vendrán visitas, tal vez caiga alguna caricia que levante tu esperanza, el humor o simplemente ancle un poquito más tu alma en este cuerpo cansado.

La espera es cosa de hembras, y hay que estar muy loca para pensar que Dios, el Todopoderoso y Eterno, se va a colar en nuestras materias y flujos, que va a hacerse uno de nosotros, solo por poder traer esa caricia que tanta falta hace a este mundo. Esa caricia que es lo único que es verdad y lo llena todo, lo justifica todo y merece toda espera… Ser cristiana es colgar toda la vida, hasta la última camisa en esa locura.

La espera sabe que el riesgo es el salvoconducto insoslayable, las profecías oscuras son compañeras de asiento. Quien sale libre y sola por ahí ya sabe lo que se juega y eso se paga, somos expertas en riesgo, también los esperamos, siempre lo hicimos y no pasa nada porque siga siendo así. Solo que continuaremos saliendo, solas, por ahí y afrontando. Libres como nadie sabe.

Venga Myriam, por favor reza con nosotros una vez más aquello de “proclama mi alma la grandeza del Señor…” sí, y también aquello de “derriba del trono a los poderosos y enaltece a las humildes…”. Necesito que lo repitas hasta que nos olvidemos de esa ofensa hecha a Eva, el auténtico pecado original, un insulto a nuestra madre, esa herida con “a” – también- en las carnes de aquella que parió a los primeros humanos y les contaminó la bendición original, escondida en sus carnes, su ansia e infinita capacidad para amar. Por favor rézalo otra vez…

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Unas palabras sobre la autora

Mujer y sacerdote católica, carne y alma

Christina Moreira, una francesa que vive en España, ejerce su ministerio en una pequeña comunidad de base puesta a su cuidado pastoral, cargo que le ha sido encomendado por la asamblea comunitaria. En marzo de 2015, fue ordenada sacerdote por la obispo Bridget Mary Meehan, en Sarasota, Florida (EE.UU. – por aquel tiempo, Christina vivía en América del Sur). Su ordenación fue posible gracias al movimiento de Mujeres Sacerdotes Católicas Romanas (ARCWP- RCWP), al que ella pertenece. (http://romancatholicwomenpriests.org/NEWhistory.htm).

 

Mujer y sacerdote católica, carne y alma

El Papa acaba de ratificar, por tercera vez en su pontificado, que jamás, nunca jamás, habrá mujeres sacerdotes católicas porque san Juan Pablo II lo ha decidido así. Eso hace que me pellizque para comprobar si de verdad existo, yo, mujer y sacerdote, de carne y hueso, dotada de un alma, creada a imagen de Dios; ordenada según el rito romano y dentro de la sucesión apostólica.

De entrada dejo claro que conozco los cánones (las leyes canónicas de la Iglesia) que conciernen a mi género, los que sancionan no tanto la ordenación sino el hecho de que yo sea mujer y ordenada: es mi feminidad y no otra cosa lo que me acarrea la más grave de las sanciones. Y no ignoro que algunos lo consideran una falta por lo menos equiparable a las peores infamias cometidas contra los niños. Me tomé para mí la libertad de desobedecer una regla injusta, y de obedecer más bien a Dios antes que a los hombres; en suma, de cumplir, en tanto que humanamente pueda, mi mandato de apóstola.

Cuando la vocación se abre paso, por fin, en mi mente, comienza un proceso largo, donde la cabeza y el cuerpo fingen no comprender, y el corazón entra en pánico. Pero me doy cuenta de que la palabra imposible no existe en el léxico divino. Entonces, me dispongo para obedecer a esta llamada, aquello que otras mujeres ya hacen desde el 2002.  Es así como entro a formar parte de una comunidad de mujeres sacerdotes católicas romanas, de diaconisas y obispas, un movimiento que se quiere dinámico y en búsqueda, desde ahora mismo, de un nuevo modelo de Iglesia.

Dos asociaciones hermanas, ARCWP (Asociación de Mujeres Sacerdotes Católicas Romanas, Asociation of Roman Catholic Women Priests)[1], y RCWP (Mujeres Sacerdotes Católicas Romanas, Roman Catholic Women Priests), posibilitan las ordenaciones y acogen estos círculos de mujeres quienes se apoyan mutuamente, reflexionan y rezan juntas. En esa dinámica de fe y comunidad, reconfiguran la Iglesia, que no es la de mañana sino más bien la de hoy, pues ya somos más de 200. Así pues, ¿cómo es que no nos vemos? En realidad, nosotras estamos presentes de igual modo en las redes sociales que en el terreno pastoral, compartiendo con comunidades vivientes, y sobre todo, cerca de los-las más excluidos-as.

Nosotras proclamamos alto y fuerte, que amamos a nuestra Iglesia y que esperamos permanecer en ella[2], pero también somos conscientes de que el viejo molde no nos puede aceptar fácilmente. De hecho, muchos saben que el voto de celibato impuesto a valientes hombres durante siglos (no tantos como siempre se ha creído), no va a durar. Su imposición indiscriminada ha sido una fuente de sufrimiento y de anti-testimonio cristiano. Hubiera sido más fácil que cada uno, en conciencia, optara por algún modo de vida, discerniendo acerca de sus disposiciones y medios.

En nuestro movimiento, la libertad es fundamental; no hay ofrenda real de la vida o compromiso válido sin el ejercicio de la libertad. La libertad de amar es primordial y debemos preservarla. De esta forma, tenemos la oportunidad de casarnos, antes o después de la ordenación. Nos tomamos un tiempo para construir, en la alegría y la esperanza, una comunidad de iguales, de funcionamiento circular y democrático, que vaya tomando cuerpo al mismo tiempo que nuestras comunidades se vayan consolidando alrededor de estos mismos valores.  Poco a poco, vamos borrando del lenguaje, de las mentalidades y de la realidad material, la división clérigo-laico. Para nosotras, se trata de avanzar, aquí y ahora, hacia una ministerialidad diversa y vital, donde cada persona pueda poner sus carismas al servicio de los demás y de su propia realización. La tarea es vasta y difícil, ya que las viejas estructuras se resisten a morir; pero las pluralidades culturales, de lenguas y los códigos simbólicos, nos obligan a menudo a ponernos a discutir, a dudar y, a veces, a empezar de nuevo todo.

Mi vocación, tal como la vivo, no me exige cortar lazos sino crearlos. La familia es para mí el lugar por excelencia, el lugar natural del encuentro de lo divino y de lo humano. Jamás fue cuestión de renunciar a tener una familia. Así como no podría cortar con mis lazos ancestrales humanos que tejen mi historia; no sabría cortarme de la tierra, de lo viviente, que también es el medio donde Dios se manifiesta. ¿Por qué romper lazos en lugar de construirlos?

La misma vocación me obliga a dar, o más bien, a compartir la Vida, y la vida es lo que se vive; es producto de un parto. En la homilía de mi ordenación presbiteral, la obispa evocaba nuestro papel de comadronas del Espíritu. Me reconozco en esta tarea de traer a la luz, en lo concreto y la materia, al Espíritu, la Bendita Ruah, respiración divina que habita toda cosa y toda persona, y toda-o bautizada-o.

Polarizamos todo el sentido de lo sagrado en los sacerdotes y ¿todavía se necesita decirlo? esto lo convierte en poder y a ellos en hombres de poder. Toda la escala piramidal de las personas ordenadas en el seno de la Iglesia católica romana es muestra de esta perversión del sentido del poder. Pienso que el poder vertical no tiene lugar en el seno de una comunidad de hermanos y hermanas, es un poder que somete al otro, y más a la otra. Pues es un poder que anula la potencia del Amor, la única potencia a la que deseo hacer mi fuente de sentido, para una búsqueda que es el único impulso vital que realmente da valor a mi vida de bautizada. ¿O es que no está presente esta búsqueda ardiente en el corazón de cada humano, con más razón en el corazón de cada discípulo y discípula de Cristo, eso que es cada persona bautizada?

Y ahí es donde la voy a buscar, esa es mi tarea, despertar al Espíritu que duerme en mis hermanos y hermanas. Despertar la Respiración Divina en toda la Creación porque la busco en todas partes. Es la razón de mi vida. Como María de Nazaret, “la primera que se puso en camino”, mi modelo me invita a volver al medio divino que es la familia de Dios encarnado, presente en la carne, en todas las carnes,  sea cual sea la senda que tome el amor en esas carnes. El amor es amor, bajo todas sus diversas formas, es lo mismo, nacido de la Gran Fuente de Amor.

La comunidad, entendida como familia aumentada, y radicalmente inclusiva y acogedora, lugar por excelencia donde se comparte del Pan y la Palabra, es una nueva eclesiología puesta ya en obra en nuestro movimiento. Todos deberíamos estar preocupados por la pobreza de las respuestas al llamado de servir en la Mesa del Señor, quien nos llama colectivamente. Mi ministerio se inscribe en el caminar de la comunidad-familia. Sin ella, mi llamado no tiene ninguna razón de ser.

De ahí se desprende una disponibilidad total, una apertura a la vida y al Espíritu, la escucha constante y la atención a los signos, sobre todo en quienes sufren. Disponibilidad para las sorpresas, las que desvían y desacomodan, como sucedió con Myriam de Magdala. Disponibilidad para llamar la curación, la sanación de la mente y del cuerpo, del cuerpo social y familiar.

Con la ayuda de Dios y de la gente de su Casa, mi comunidad. Amen.

Christina Moreira – galilea.luz@gmail.com

Traducción española: Vicente Valenzuela

Post original en francés: http://alpha.comitedelajupe.fr/?q=content/femme-et-pr%C3%AAtre-catholique-chair-et-%C3%A2me

Cuenta de Facebook: https://www.facebook.com/luz.galilea

Blog (en español) donde publico homilías destinadas, en principio, a mi comunidad en España y a mis amigos y amigas de Suramérica: https://lashomiliasdeluz.wordpress.com/

[1] http://arcwp.org/en/biographies/#C

[2] http://bridgetmarys.blogspot.com.es/2016/03/why-catholic-woman-would-like-to-remain.html

XXXIII TO C Un sol de justicia

 

imperdible

1ª LECTURA (Mal 3, 19-20) profecía de Malaquías

Mirad que llega el día, ardiente como un horno: malvados y perversos serán la paja, y los quemaré el día que ha de venir-dice el Señor de los ejércitos-, y no quedará de ellos ni rama ni raíz. Pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas.

EVANGELIO (Lc 21, 5-19) Profecía de Jesús de Nazaret

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido. Ellos le preguntaron: Maestro, ¿Cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder? Él contestó: «Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien: “El momento está cerca; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.» Luego les dijo: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.»

Homilía

Dos profetas para hoy. Estos textos hacen relacionarse dos hombres que beben en la fuente de una misma tradición. El primero, Malaquías, a la vuelta del exilio, todavía tiene que lidiar con un pueblo que está desanimado y recién se acaba de reconstruir el templo de Jerusalén. En cambio Jesús habla de la destrucción del mismo templo, que tiene lugar, a manos de los romanos, en el año 70 e.c. El templo está muy presente en la predicación de Jesús, una gran parte de ella siendo realizada dentro de sus muros. Era un edificio imponente por su tamaño y por lo impresionante que debía ser admirar sus paredes recubiertas de oro a la luz del sol. Pero esta luz no es la que interesa, precisamente.

Para entender un poco todo este amasijo de frases aparentemente contradictorias, además de amedrentadoras, es preciso saber que el profetismo judío no anuncia hechos futuros. Lamento comunicarles que esto que vemos descrito, los perversos y malvados en el poder, las guerras y las revoluciones, a pesar de que nos recuerden tanto nuestros días atribulados, no está aquí para predecir nuestro tiempo, ni otros tiempos. Si este evangelio es de contenido escatológico, no podemos caer en la tentación de pensar que cuenta grandes verdades acerca, precisamente, de nuestro tiempo. Otras generaciones pensaron lo mismo en otras épocas aún más terribles, y hasta aquí hemos llegado.

Malaquías y Jesús, no predicen el futuro como lo hacían otros profetismos presentes en su sociedad y en otras culturas. No son adivinos. No predicen sino que predican y, como no podía ser de otra manera, predican al Dios Vivo que nos quiere vivxs. La aparente contradicción, en ambos textos, entre los tremendos males anunciados, y “un sol de justicia que lleva la salud en las alas”; “ni un cabello de vuestra cabeza perecerá”, revela que no se busca profetizar acontecimientos sino colocar a Dios en el centro de nuestro acontecer, y contarnos cómo quiere ese Dios acompañarlo. Predican las verdades últimas, escatológicas, acerca de nuestra supervivencia, de la vida y la muerte.

Lo primero que podemos resaltar es que no estamos solxs ante el mal. El relato de Jesús deja bien claro que no nos deja solos sino que nos dará palabras y sabiduría. Primera verdad rotunda, ante el sufrimiento y la desdicha, ante la injusticia, tenemos compañía. Entre lo poco que podemos decir de Dios destaca su solidaridad absoluta con el ser humano. El mismo libro de Malaquías se inaugura con una declaración de amor: “Yo os amo”. La escatología es ante todo una escuela de confianza en ese amor que fue, es y será, no un listado de catástrofes.

El mal es grande, prolijo, potente, devastador, y podríamos multiplicar los adjetivos que vienen a la mente cuando nos asomamos a la actualidad del mundo. Con ver una sola fotografía de la morgue de niños de un campo de refugiados sirios, resulta obvio que las palabras se quedan cortas. Con eso que llamamos democracia ¿un falso ídolo tal vez? fallando por doquier, nos están temblando todos los cimientos, y todavía quedan más “sorpresas”. Últimamente nos dedicamos a ver y oír cosas que nunca pensamos podrían ocurrir, al menos no deberían. El otro día decía una amiga de Colombia, a la vista de los resultados de las elecciones estadounidenses: “ya apareció un país que nos va a quitar el puesto de más idiotas del mundo”… A la luz de lo último,  el plebiscito del no a la paz empieza a parecer pequeño. Le contestaba yo, sin pizca de humor, que ya les había ganado antes España con socialistas trayendo a las derechas al poder, y no sigo con la lista porque si ustedes me leen en Internet es que pueden acceder fácilmente a todos los disparates acontecidos en los últimos tiempos y que confirman, por ejemplo, que la democracia es un cadáver, bastante enfriado… y no se sabe cuál será el repuesto. Sí, Señor, hoy mismo sabemos a qué se parecen esas nubes negras que tú describiste con tanto acierto, han llegado ya las primeras y no sabemos qué tormentas podrán traer.

De modo que es cierto que todo eso vino, viene, vendrá. La constatación inevitable de la persistencia del mal y su virulencia sigue vigente, en lo público y en lo privado. En lo colectivo y en lo individual. Hoy, es posible que “no quede piedra sobre piedra” del mundo tal y como lo conoció mi generación. Nuestros modernos templos se caen a pedazos junto con creencias, seguridades, falsas confianzas, afectos y apegos mal invertidos.

La clave de comprensión de estos textos tan contradictorios se hace más evidente con la advertencia de Jesús de que “os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía”. Sobrepasando la lectura en primer nivel que nos dice que ya los seguidores de Cristo estaban padeciendo por su causa, empezando por el ensañamiento de un tal Saúl, cuando se redactó este evangelio, podemos avanzar hacia vislumbrar algo que tiene que ver con la salvación: el “testimonio”.

Puede pasarnos de todo, pero nuestra salida está ahí: el compromiso, el dar la cara con firmeza y fe, sin dudar, en confianza ciega hacia quién pondrá en nuestra boca las palabras exactas, las verdades que el mundo necesita escuchar. Quien moverá nuestras manos y nuestros pies en dirección a la luz, la liberación.

Puede fallarnos todo, todo el mundo incluyendo a la gente que amamos y dice amarnos, nuestra misma familia, pero el amor de Dios no fallará. Eso que somos, ese Amor, es indestructible y no solo se salvarán nuestras “almas” sino también el cuerpo “ni un cabello de vuestra cabeza”.

Caer en la cuenta de que la salud, salvación tiene que ver con todo nuestro ser, que nos viene dada de forma incondicional, que nada nos la puede quitar es la respuesta a nuestra últimas preguntas sobre el sentido, de la vida y de la muerte.

Estar donde tengamos que estar, y estar desde Cristo, en Cristo, es nuestro lugar y nuestro destino. Y no es precisamente en el templo, sino que en medio de la gente, entre los escombros y en las morgues, en medio del “espanto”. Por un modo, esta destrucción del templo vino bien, hasta que volvimos a construir otros, que también serán destruidos como lo serán nuestras construcciones políticas y nuestras pequeñas certezas morales.

A partir de hoy me pondré un imperdible en la solapa, y otro en el alma, para que nos ilumine un poco más “el sol de justicia que lleva la salud en las alas”. Así espero acercarme a su luz, al calor del corazón de Dios en el que nunca se muere y que quema todo mal reduciéndolo a nada.

Dice el texto inglés:

SOY UNA PERSONA SEGURA, conmigo estás a salvo.

Si eres musulmán,

una mujer,

LGBTIQ,

una persona de color,

latina,

transexual,

inmigrante,

descapacitadx,

estás con miedo…

ESTOY AQUÍ

HABLA…

Te escucharé.

Te apoyaré.

Me levantaré para ti.

Me sentaré para ti.

Me callaré para ti.

Haré lo que pueda

para hacerte saber

QUE TE QUIERO

Esta señal es para que puedas reconocerme.

imperdible-razones

 

XXXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (C)

zachee-vitrail

 

Yo pecadora

1ª LECTURA (Sap 11, 22-12, 2)

Señor, el mundo entero es ante ti como grano de arena en la balanza, como gota de rocío mañanero que cae sobre la tierra. Pero te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado. Y ¿cómo subsistirían las cosas, si tú no lo hubieses querido? ¿Cómo conservarían su existencia, si tú no las hubieses llamado? Pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida. Todos llevan tu soplo incorruptible. Por eso, corriges poco a poco a los que caen, les recuerdas su pecado y los reprendes, para que se conviertan y crean en ti, Señor.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 144) Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás. Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan.

2ª LECTURA (1 Tes 1, 11-2, 2)

Hermanos: Pedimos continuamente a Dios que os considere dignos de vuestra vocación, para que con su fuerza os permita cumplir buenos deseos y la tarea de la fe; para que así Jesús, nuestro Señor, sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, según la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo. Os rogamos, hermanos, a propósito de la venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con él, que no perdáis fácilmente la cabeza ni os alarméis por supuestas revelaciones, dichos o cartas nuestras, como si afirmásemos que el día del Señor está encima.

EVANGELIO (Lc 19, 1-10)

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.» Él bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.» Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor: «Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.» Jesús le contestó: «Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.»

 

 

Homilía

Hace años, cuando daba clases en cierta academia a partir de las 8h de la mañana, paré a tomar un café antes del trabajo, temprano, en un bar de la calle del Sol. Creo que era la primera clienta. El camarero, detrás de la barra, me servía con mirada de pocos amigos, con pocas palabras y sin quitarme los ojos de encima. Pensé para mí que el café me iba a sentar mal. Me sentía inexplicablemente agredida y odiada. Termino el café, pregunto lo que debo y me dice él, abruptamente y en tono medio intimidante:

– “bueno, ya no hace falta que disimule, ya sé quién es usted”.

Cara mía de idiota…

“sí, ya sé que finge, no hace falta. Ya sé a qué viene, a qué espera para pedirme los papeles, los tengo preparados ¿qué quiere que le presente?”

– “Disculpe pero no entiendo…”

– “Haga su trabajo de una vez”

– “¿cuál trabajo? yo no trabajo aquí y ya me voy.”

– “usted no me engaña, es inspectora de Hacienda, así que cuanto antes empecemos antes acabaremos.”

– “Desde luego que no lo soy ¿qué se lo hizo pensar?

– “Esa cartera que tiene solo puede ser de eso. Además ya me vengo fijando, para usted aquí de vez en cuando y me ha estado vigilando”

Risa sonora por mi parte, incredulidad de él. Me costó lo mío explicarle que mi cartera solo contenía libros de gramática y ejercicios para mis alumnos. No me creía. Fue difícil hacerle bajar de la escalera de odio y miedo a la que se había subido en su esfuerzo por controlar la situación.

De modo que sé un poco lo que siente un recaudador de impuestos: apesta y nadie lo quiere, puede que bastantes lo quisieran muerto y por lo pronto fuera de sus vidas.

Zaqueo era uno de esos seres odiosos. Además él llevaba la doble etiqueta de ladrón y traidor ya que recaudaría para los malnacidos imperialistas romanos chupasangres…

Formaba parte de esos personajes que merecen su castigo social, que merecen ser juzgados.

En Colombia aprendí recientemente una lección sobre perdones y amnistías, sobre acuerdos y renuncias, sobre la importancia de crear una nueva justicia en aras de poder reconstruir la nación. 

Supe que las víctimas más afectadas por la guerra habían votado sí al acuerdo de paz que quienes habían solo recibido su noticia por los telediarios habían denostado. Si ellas pudieron perdonar, si regalan su perdón además de dos hijos, un hermano, una prima y padre y madre, todos los demás podemos. Todos se dejan algo al pactar; los sacrificios son inmensos, pero inevitables decían algunos. Lo mismo pasa en la familia. Tantas veces, se llega a medios encuentros que salvan la cohesión por los pelos, la convivencia se sostiene y nos libramos de una ruptura catastrófica. Es duro reconocerlo cuando todavía duele pero solo el perdón nos hace libres y es una verdadera salida. ¡Venga! Somos seguidores de Cristo, quien se dejó la propia vida en el Nuevo Pacto que nos salva… no tenemos alternativa.

Pero no se trata aquí de juzgar ni los Zaqueos, ni a nadie. Ni tampoco a nuestros políticos traidores y corruptos, no, ni siquiera esos que se enriquecieron con el dinero que debía haber servido para socorrer a los que no podían pagar las hipotecas porque se desplomó el empleo y un buen día se quedaron sin blanca en el banco y una familia a cuestas. No, tampoco vamos a juzgar a… pongan ustedes mismos el nombre de un desgraciado de cualquier especie.

Porque en algún momento, todos, todas, fuimos, somos o seremos el desgraciado de alguien, incluso sin quererlo. Porque lo que dijimos fue tomado como algo personal por un grupo, porque no acertamos con el tono y la manera y no se nos perdonó y nos cuelga la pancarta vergonzosa que nadie se preocupará nunca por borrar. Porque nos hemos enamorado a contrapelo, a contra ley natural o canónica. Porque metimos la pata, vaya, así, a lo bestia o menos pero la metimos.

Y porque todos, en algún momento, hemos llorado deseando viajar en el tiempo, borrar hasta las huellas del fallo, de la falencia como dicen en Colombia, hemos suplicado que nos olvidaran, que nos interpretaran desde el cariño en lugar de sacar provecho de aquella frase desdichada o sacada de contexto, de aquella palabra malsonante que salió en un momento de rabia.

Partiendo de nuestras experiencias de exclusión, desprecio, calumnia, unión de la mayoría en nuestra contra, cada cual halle en su interior el lugar exacto donde le duele cada vez que sube la memoria a su conciencia… podemos saber de dónde sacó Zaqueo las fuerzas aquella mañana para salir a la calle, abrirse paso entre el gentío (tal vez lo hayan reconocido y haya cosechado algún insulto). Sacó fuerzas del dolor de no saberse querido, de saberse fuera de todo, y hasta bajito, tanto que no podía ver la salvación hecha persona pasar bajo su ventana.

Si algo tienen los desgraciados, por mucho que no nos simpaticen, es que sufren como los inocentes cuando los acosan y los insultan.

Pero eso, en aquel mundo y en el nuestro, pocos lo saben. Y, sobre todo, nos importa un rábano: que sufran, lo tienen muy merecido. Sacamos pecho condenando y castigando… como si el otro fuera de otra pasta, como si no fuera otro tú mismo, tu espejo, tu imagen, carne de tu carne.

Ya sé que va a sonar como un disparate pero cada día que pasa estoy más convencida de que si Jesús resulta imprescindible por algo es por su empeño ¿o incapacidad radical, fundada en la bondad y el amor radical? por no juzgar.

No solo no juzga a Zaqueo sino que lo busca con la mirada – hoy aprendí que de antiguo se usaba la mirada como instrumento de sanación- y lo ve, lo contempla con amor y Zaqueo entra por esos ojos en el océano que todo lo diluye en infinita y continua ternura gratuita y cálida.

Saboreemos cada palabra del Libro de la Sabiduría. Me niego a glosarlo.

Si él pudo yo puedo, con esos ojos clavados en mí por la eternidad solo me puedo salvar. Y cuanto antes repare en ellos y acepte su invitación, antes bajaré del árbol, como el antepasado simio, y antes me haré realmente humana, transformada en materia salvada, en luz que se reparte como mi amigo Zaqueo reparte su riqueza y por fin accede a la otra riqueza.

Algunos días compensa entonar el Yo pecadora me confieso porque hay salida, eso es el principio de la salida.

 

 

 

30 domingo TO – C ¡Despertemos!!

Esta viñeta de facebook dice: “no se olvide odiar a los refugiados (desplazados de las guerras huyendo hacia Europa) mientras celebra la vez en que una pareja de Oriente Medio buscaba desesperadamente un refugio”

 

Ya sé que no es Navidad pero toca irse preparando. Este año el Adviento se anticipa porque Están matando a Dios, a sus hijos, hijas, madres y abuelas y demás familia en las puertas de nuestros países.

De modo que el Evangelio de hoy, ya me sabe a despertar de anestesias, aunque sea a costa de sentir el sabor de la sangre en la boca.

EVANGELIO (Lc 18,9-14) Lectura del santo Evangelio según San Lucas. En aquel tiempo dijo Jesús esta parábola a unos que se tenían por justos y despreciaban a los demás: «Dos hombres fueron al templo a orar; uno era fariseo y el otro publicano. El fariseo, de pie, hacía en su interior esta oración: Dios mío, te doy gracias porque no soy como el resto de los hombres: ladrones, injustos, adúlteros, ni como ese publicano; yo ayuno dos veces por semana y pago los diezmos de todo lo que poseo. El publicano, por el contrario, se quedó a distancia y no se atrevía ni a levantar sus ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: Dios mío, ten compasión de mí, que soy un pecador. Os digo que éste volvió a su casa justificado, y el otro no. Porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado»

Este texto tuvo que sonar muy extraño a oídos de los que representan las dos figuras: el fariseo y el publicano.

Con Jesús nada es lo que parece. Sobre todo si tenemos la conciencia en piloto automático y tragamos con todas las mentiras de los telediarios, radios diversas y prensa escrita o blogera de cierta tendencia.

Hoy salgo del Foro de Encrucillada http://www.encrucillada.gal/index.php?s=19&i=5 (si teneis un poco de paciencia y podeis entender gallego, pronto colgarán aquí las ponencias del evento, sin desperdicio). Básicamente, lo escuchado venía a poner patas arriba las conciencias de nuestra sociedad y sus queridos miembros, nosotros.

Sí, tú, yo, los otros que nos creemos con derecho a la indiferencia porque “¿qué podemos hacer?” “con el paro que hay aquí, solo falta que venga toda esa gente”.

Celebro que este evento y otros como este estén levantando los velos y dando información a las conciencias. Porque una conciencia informada ya no puede negarse a ejercer según la verdad el juicio sobre la justicia.

Escuché frases (cito de memoria) como “Existen ateos, gente que dice que no cree en Dios, no va a misa. Pero esa gente que va a misa, que desoye a sus hermanos dolientes y no le interesa la justicia y la paz, esa gente es la verdaderamente atea. Nuestra iglesias están llenas de ateos porque negamos a Dios más que la gente que dice no creer en Dios”.

De modo que si queremos contextualizar el evangelio, me remito a monseñor Agrelo y su lúcida conclusión: los ateos no son los de afuera.

Ser cristiano no es ir a misa, es amar al hermano… también de memoria recuerdo esta perla.

No voy a teorizar sobre un texto de evangelio que pretende ser un estruendoso aldabonazo despertador. La distancia que nos separa del hermano doliente es la que nos separa del Reino y de Dios. A mayor distancia, mayor muerte moral.

Y tampoco vale aducir que no podemos ahora irnos todos a Melilla, a desalambrar la valla, ni a la frontera de Turquía o Grecia. No, el hermano, la hermana apaleada, violada, machacada por el marido o esclavizada por el sistema en una fábrica que le da un sueldo de miseria, o la que ni eso tiene o está a punto de perderlo está en las esquinas de tu ciudad, en el dormitorio de tus abuelos, en el piso 5º de tu casa… alguien está solo, triste, sin saber cómo pagar el alquiler… eso es asunto mío, no solo de los políticos.

No deleguemos en esos parásitos nuestros lazos familiares conquistados en cierta cruz ¿se acuerdan o es que de verdad son ateos?.

Sí, tiene la culpa el sistema, también lo escuché. ¿Saben una cosa? yo creo que el sistema no existe, el sistema es un ectoplasma, un fantasma, el monstruo del armario que se alimenta de nuestros miedos, nuestras cobardías y nuestras comodidades de burgueses sobrealimentados.

 

Existen muchas maneras de acudir, pero solo una vale, la del amor. Y el amor tiene mucha imaginación, creatividad, es espontáneo y generoso. No espera. Es la mano que pone el plato en la mesa nada más ver entrar al forastero como hacían nuestras abuelas. Primera pregunta nada más entrar ¿has comido? Luego ya contaremos el resto. Donde comen 4 comen 5, 6, y los que hagan falta. Decía la profetisa de mi abuela “mi casa es pequeña pero en ella cabe toda la familia, toda la gente a la que amo, y más que vengan, así tengamos que dormir en el suelo”. Esa frase nunca se apagará en mí.

porque:

del libro del Eclesiástico.

El Señor es juez, y no hay ante él acepción de personas. No hará acepción de personas contra el pobre, pero escuchará la súplica del oprimido. No desdeña la súplica del huérfano ni la de la viuda si prodiga ante él sus quejas. El que sirve al Señor como él quiere es aceptado, y su súplica llega a las nubes. La súplica del humilde atraviesa las nubes; no descansa hasta llegar a Dios, y no se retira hasta que intervenga el altísimo, reconozca el derecho de los justos y les haga justicia.

Sobran los comentarios. Usemos ese órgano dormido, la CONCIENCIA, al despertar va a doler e incluso parecerá que no funciona… no se desanimen. Nos va la vida. Basta ya de dormir.

Amen

 

 

NO BAJARÉ LOS BRAZOS

DOMINGO 29 TO – C

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1ª LECTURA Ex 17, 8-13

. En aquellos días Amalec vino a Rafidín y atacó a los israelitas. Moisés dijo a Josué: «Escoge hombres y sal a luchar contra Amalec. Yo estaré en la cima de la colina teniendo en la mano el bastón de Dios». Josué hizo como le había ordenado Moisés, y luchó contra Amalec. Moisés, Aarón y Jur subieron a la cima de la colina. Cuando Moisés tenía sus brazos alzados vencía Israel, y cuando los bajaba vencía Amalec. Como se le cansaban los brazos a Moisés, tomaron una piedra y se la pusieron debajo. Él se sentó encima, y Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado. De este modo los brazos de Moisés se sostuvieron en alto hasta la puesta del sol. Josué derrotó a Amalec y a su ejército a filo de espada.

SALMO (Ps 121)

Alzo mis ojos a los montes:

¿de dónde me vendrá mi auxilio?

El auxilio me viene del Señor,

que hizo el cielo y la tierra.

Él no permitirá que tropiece tu pie,

ni que se duerma tu guardián;

no, no duerme ni dormita

el guardián de Israel.

El Señor es tu guardián,

el Señor es tu sombra, él está a tu derecha.

 El sol no te molestará de día,

ni la luna de noche.

El Señor te guardará de todo mal,

él guardará tu vida;

guardará tu partida y tu regreso,

desde ahora y por siempre.

2ª LECTURA (2 Tm 3,14- 4,2)

Querido hermano: permanece fiel en lo que has aprendido y de lo que estás convencido. Conoces bien a tus maestros. Desde la infancia conoces las Sagradas Escrituras, las cuales pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación por la fe en Jesucristo. Pues toda la Escritura divinamente inspirada es útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, dispuesto a hacer siempre el bien. Yo te conjuro ante Dios y ante Jesucristo, que ha de venir como rey a juzgar a los vivos y a los muertos: predica la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, corrige, exhorta con toda paciencia y con preparación doctrinal.

EVANGELIO Lc 18,1-8

En aquel tiempo Jesús les dijo esta parábola sobre la necesidad de orar siempre sin desfallecer jamás: «Había en una ciudad un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Una viuda, también de aquella ciudad, iba a decirle: Hazme justicia contra mi enemigo. Durante algún tiempo no quiso; pero luego pensó: Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, le voy a hacer justicia para que esta viuda me deje en paz y no me moleste más».

Y el Señor dijo: «Considerad lo que dice el juez injusto. ¿Y no hará Dios justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche? ¿Les va a hacer esperar?

Yo os digo que les hará justicia prontamente.

Pero el hijo del hombre, cuando venga, ¿encontrará fe en la tierra?»

Homilía compartida

En francés la expresión baisser les bras (bajar los brazos) significa abandonar, rendirse, ceder en la lucha y dar la victoria al cansancio. Invita al desánimo inapelable, a la renuncia radical a la esperanza.

Parece que procede del mundo del boxeo. Bajar los brazos es bajar la guardia, prestarse a los golpes. También hay quien la hace remontar a este gesto de Moisés que recordamos hoy. Equivale a nuestro “tirar la toalla”.

En tiempos de la redacción del evangelio de Lucas, se esperaba un final de los tiempos que no acababa de llegar, era preciso devolver la confianza, avivar la perseverancia, y, como dice Pablo, recobrar ánimos y predicar “a tiempo y a destiempo”. Hoy se diría que nunca ha estado tan cerca el final. El aire huele a pólvora y sangre por todo el planeta y suenan tambores de rearme bestial, nuclear… Sabemos algo de cómo se sentían aquellas gentes. Sabemos lo que es quedarse desbrujuleados, mareados, con tantos nombres de víctimas y contiendas dando vueltas sin parar por nuestras cabezas y sin saber para dónde tirar y sí, decididamente, de brazos caídos por pura y dura impotencia. Se nos rompió el “ver, juzgar, actuar” porque actuar ya ni sabemos, ¿hacer qué? y de palabras ya vamos hasta los topes, se van quedando rancias e insulsas.

Por eso los textos de hoy, todos ellos, traen sabor a resistencia cuando ya ni creemos en ella, huelen a lucha todavía. Refrescan, sí, eso es, traen brisa marina de mar adentro.

En el evangelio Jesús se vale de una de sus parábolas, con la exageración consabida para acelerar la comprensión de sus oyentes.

Un juez desalmado que no es justo, ¡el colmo! y una viuda, otro colmo, el de la pobreza y el desvalimiento, una viuda con una necesidad de justicia apremiante,  que no se rinde, como que no tiene ya nada que perder y ya ni vergüenza le quedará.

Es conmovedor este rasgo de situación límite de esta mujer que Jesús trae a escena, recuerda la primera Bienaventuranza. La necesidad como clave de la oración hará sobresaltar a algunos que rechazan la “oración de petición”.

Desde este evangelio y el testimonio de Moisés, resulta difícil decir honradamente “no pidáis nada porque ya Dios sabe lo que necesitáis”.

¿por qué no abordarlo desde el corazón de Dios a quien le puede agradar darnos la oportunidad de expresar nuestro dolor, nuestra indigencia y sobre todo, la de poner nombre a nuestras necesidades, una y otra vez, insistentemente, como si en su pedagogía entrara enseñarnos a formular nuestra verdadera sed. ¿qué nos impide hacer con nuestras voces un mantra, de queja, de protesta, de dolor, de hambre  de pan o de justicia, un sonido reduplicado que sea llanto o lamento?

Acompañando a personas que rozaron el límite extremo del dolor, expuestas a la muerte violenta de sus propios hijos, madres sobre todo, no te sale decirles que no tienen que pedir nada, ni siquiera justicia, que no tienen derecho a increpar al mismo Dios que les pregunta “¿qué necesitas de mí?” y acoge sus voces vengan como vengan.

Nuestros gritos a Dios son, creo, lo que desea oír si eso es lo que sale del corazón y de muy dentro. Esa es nuestra verdad, la única de qué disponemos en ese momento y situación.

“¿qué he hecho mal para merecer esto? ¿han matado a mis hijos porque alguien se portó mal entre mis antepasados? ¿No tenía que haber estado Dios protegiéndolos si los quiere más que yo?”. Y sí, las madres increpan y no se callan… y Papá Dios, que también es Mamá, acoge y acuna sus voces, las mece e invita a repetir y repetir hasta que salga ya un sonido nuevo de las gargantas doloridas, hasta que el sonido de dolor recobra su tonalidad de base: la ternura.

Lo poco que se acierta a decir es : grita, patalea, dile lo que quieras pero no olvides que le quieres, porque si no fuera así no te dirigirías a Él, Ella. En su mayoría las madres prefieren hablar con María, tal vez se identifiquen mejor con esa otra madre apuñalada con saña.

Si no podemos pedir protección contra la muerte y la enfermedad, si estamos solas frente al mal más abyecto, si Dios nunca va a sacarnos las castañas del fuego, porque las leyes del mundo son “impepinables”… ¿entonces qué?

¿qué es esa justicia prometida: “¿Y no hará Dios justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche? ¿Les va a hacer esperar?

En el fondo qué necesitamos. No voy a copiar aquí ninguna receta sino solo compartir algún principio de luz divisada al final del túnel

Será recuperar el suave murmullo de la ternura en el fondo del ser, el mismo que asoma cuando cierro los ojos y recuerdo aquella cara de bebé que me sonríe desde mi memoria…

Será volver a sentir el frescor de una risa allá hondo que va subiendo y estallando…

Será la emoción de un beso estampado en una cara babada o dormida…

Será el calor del abrazo…

Será, será… volver a vivir pese a todo, será poder arrumbar por momentos el dolor, ir renunciando a él, enviudar de él ¿?

Será encontrar sentido? Hallar un poco de cordura o simplemente bienestar, un mínimo confort?

Releamos despacio el salmo ; “no, no duerme ni dormita el guardián de Israel. El Señor es tu guardián, el Señor es tu sombra, él está a tu derecha”. Existe una traducción que dice “El Señor está unido a ti como tú mismo estás unido a tu propio ser”.

Parece que la médula de lo que estamos buscando reside en restaurar esa unidad, experimentar esa compañía de Dios que nos busca primero para inquietarse y llenar nuestra copa. Como esas madres que te llenan el plato apenas ven que queda un hueco. En esa Ternura Todopoderosa que Todolocura.

Para quien busca direcciones para la oración, puede ser útil ahondar y ponerle nombre a la necesidad verdadera, vale tartamudear al principio, vale tropezar e insistir pero no renunciar a encontrar esa palabra que dice, de corazón a corazón lo que realmente necesito y pedirlo. Merece la pena intentar ser auténticas.

Para Moisés y su pueblo, la oración era una cuestión de primera magnitud, estaba en juego la supervivencia del pueblo. Se refugian en ella como quien en un hogar seguro. Figura en más alto lugar que las propias armas.

En el fragmento del Éxodo se nos dice, y es vital tenerlo en mente, que no es un ejercicio solitario orar; el gesto de los hermanos sujetando los brazos del profeta, colocándole una piedra para que se siente, es una preciosa representación de la comunidad. Cuando tú no puedas más, busca a tu gente,  para pedir un abrazo o simplemente quien acompañe a tomar un café, formas muy válidas de “sostener los brazos”, y también  para orar Estamos para eso y tantas veces lo olvidamos ¿cuándo, en estas tierras, hemos perdido el uso de la frase “¿me acompañas a orar?”.

El gesto de Moisés no es un ritual, no es liturgia, ni se da en un templo, no predica dogmas ni creencias, solo es puro grito de necesidad, una voz directa sin intermediarios ni mediaciones. No sale dictando un tratado de teología, no produce doctrina sino supervivencia, VIDA salida de su misma Fuente. No abandonar es su secreto. Sobre todo, nunca bajar los brazos ni tirar la toalla.

 

 

 

 

 

 

 

 

28 Domingo TO C Ver y agradecer

28 Domingo TO C

Ver y agradecer

La lepra, una historia de marginación social

Semmick Photo – Shutterstock

https://hipertextual.com/2016/01/lepra 

EVANGELIO (Lc 17,11-19)

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasó por entre Samaría y Galilea. Al entrar en una aldea, salieron diez leprosos a su encuentro, que se detuvieron a distancia y se pusieron a gritar: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros». Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes». Y mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, al verse curado, volvió alabando a Dios en voz alta y se echó a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era samaritano. Jesús dijo: «¿No han quedado limpios los diez? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No hubo quien volviera a dar gracias a Dios, sino este extranjero?». Y le dijo: «Levántate, anda; tu fe te ha salvado».

Camino de Jerusalén, camino de humanización y divinización a la vez, Jesús camina salvando, en ruta, sin apenas detenerse.

Los leprosos también caminan, solo su voz alcanza a Jesús que no los toca, no hace ningún gesto solo les pide que vayan… caminando… y se presenten a los sacerdotes. Ellos permanecen alejados, se adivina su debilidad. Su enfermedad es grave: el peor sufrimiento tal vez sea el sentirse excluidos de su familia humana, el no “tener lugar” más que en el camino, nunca en la ciudad y menos en el templo, lugar de la pureza por excelencia.

Esto nos lleva hoy sin rodeos a las exclusiones que alejan a la gente de la “ciudad” y también del templo, a nuestxs leprosxs pestilentxs modernxs.

Escuchaba con horror esta semana varias noticias, a propósito:

En Colombia los defensores del no en el plebiscito decían algunos que los acuerdos le darían legitimidad a los homosexuales y a la “teoría del género”. Esto fue ampliamente difundido por la iglesia católica a través de sus obispos, obligando incluso a dimitir a la ministra de cultura, acusada de editar unas cartillas (libros de texto) fomentando esas dos “desviaciones”. Me estoy dando cuenta de que las comillas acabarán invadiendo mi texto esta vez… demasiado es demasiado.

Esos mismos obispos fomentaron el no porque no defendieron claramente el sí. Mandaron votar en “conciencia” a personas que ni habían leído los acuerdos y tal vez ni pudieran entenderlos. Cuando una niña de 12 años es violada le prohíben abortar, castigan y excomulgan a ella y a su mamá si lo hace… no al violador por cierto. De modo que la conciencia es solo para cuando nos dan permiso.

Solo necesitamos ver las noticias que llegaban de Polonia esta semana para comprender a qué se dedica el templo y como quiere que usemos la conciencia.

El papa estuvo poco afortunado cuando otra vez volvió a fustigar la “ideología de género”. Y, hechos sorprendente, a pesar de que esa ideología o teoría o como se quiera llamar, no existe, todo el mundo entiendo lo que significa: mujeres a cuidar y varones a gobernar el mundo. http://www.lanacion.com.ar/1945154-el-papa-y-francia-enfrentados-por-la-teoria-de-genero

Nuevamente en un encuentro ecuménico con el arzobispo de Cantorbery, las mujeres y su posible ordenación fueron relegadas al rango de “obstáculo”. http://www.periodistadigital.com/religion/otras-confesiones/2016/10/05/welby-y-francisco-sellan-religion-arzobispo-canterbury-papa-anglicanos-catolicos.shtml

NO, los roles no están definidos por los genitales ni por el sexo, están definidos por la cultura, la educación y lo que quiera la gente ser, cuando se lo puede permitir. ¿esos son los problemas que hoy afrontamos? ¿en serio? Más bien el focalizarse en esos falsos problemas no será otra lepra más, resultante de crear más exclusión o más lepra para sentirse bien en los resguardos del recto pensar y de buen vivir burgués y privilegiado… son preguntas.

Afortunadamente, todavía quedan samaritanas y samaritanos. Quedan personas libres, lo concedo, no son la mayoría – una de diez es un ratio pequeño- y capaces de salir del templo, hacer el camino al revés y buscar lo único que salva e importa: el encuentro personal con Dios, que los leprosos reconocen en Jesús, en Jesús en camino con un único fin: salvarnos.

La salvación estriba en

Saberse salvado, reconocerlo, verlo como lo vio el leproso extranjero… no dice el texto si los demás también lo vieron pero él sí. Saber que la salvación no requiere méritos y trabajos, cumplimientos y ritos precisos y, reconozcámoslo, a menudo fastidiosos. Saber que es en todos nosotros y nosotras, que se nos da con el aire que respiramos.

Por eso Jesús no causa exclusión, una vez más, y reparte la sanación sin distinción. Saber que no hay que pagar nada por “ser de Dios” por nuestra filiación es salvarnos. Se trata aquí de usar el verbo saber en sentido activo, vivirlo como si fuera y comportarse como lo que somos, sin complejos.

Dice en evangelio que el encuentro con la luz y la verdad, con el Dios Vivo, se da en camino, pisando tierra, en marcha con lxs excluidxs, no en el templo. Cuando la Iglesia se haga camino, cuando salga a los caminos, se encuentre con quienes sufren, con las personas de carne y hueso, se le van a terminar las disquisiciones morales porque ante una víctima de la guerra, del hambre o de la guerra, no sobrevive ningún prejuicio, no aguanta ningún andamiaje jerarquizante, solo te sale tirarte a sus pies y reconocer a tu Dios.

Estos días pasados, cuando escuchaba que las víctimas de la violencia en Colombia habían votado masivamente por el sí (aunque ganara el no, no quiero silenciar tantos síes poderosos), un sí que implicaba una fuerte dosis de perdón y reconciliación; que a pesar de un dolor del que doy fe testimonial, dieron el sí a la paz renunciando a revanchas y castigos, me sale tirarme a sus pies: mi Señora y mi Diosa… la mayor parte son mujeres, los varones fueron matados. Ellas saben lo que es estar en camino, huyendo de quienes te dejaron sin casa, sin tierras, sin ganado, y sin hijos. Si el mundo escuchara a las víctimas y a sus madres, Dios podría gritar de nuevo “tu fe te ha salvado, vete en paz”.

Porque vivir es muy cansado, el sufrimiento inevitable, los huracanes y las guerras no se callan, los mares están tan llenos de agua que ahoga a la pobre gente, hasta el planeta no nos aguanta. La fauna de dos patas le sobra por momentos.

Pero las lepras que nosotros hemos creado, las aves de rapiña que sacan de su casa a la gente por impago, las bombas que se las destruyen, y también las que destruyen hospitales y escuelas, las mentiras que no nos dejan amar en paz son las más difíciles de curar. No nos engañemos porque si “ellos” mueren, nosotros morimos antes o después.

Exhorto a quien se canse, quien no acabe de cerrar todas las heridas, la gran mayoría igual que en esta historia, aprenda a volver, una y otra vez, aunque sea arrastrando los pies. Y vuelva a dar gracias porque el bien ya fue enviado.

Exhorto a cada cual a salir de sus armarios, encierros, vergüenzas, miedos y terrores, a dejar atrás las viejas ropas, a salir a bailar. Si tuviéramos fe… ya lo escuchamos la semana pasada.

Exhorto a quien quiera sanarse a levantarse, como el leproso. El texto muestra que ni el propio Jesús quiere al hombre a sus pies. Lo quiere de pie. De modo que nadie ni nada merece que nos pongamos de rodillas y nos sometamos.

Y lo que toca por nuestra parte es recibir, ver y agradecer. ¡No es tanto y es gratis!

Recibir, ver y agradecer, ahora y otra vez…, volver al lugar exacto donde se me abrieron los ojos y reconocí a la hermana, a la negra y al tiñoso como otros yo en camino, volver para junto con ellxs recibir la sanación y volver a dar las gracias. Siempre