III DOMINGO DE CUARESMA (C)

III DOMINGO DE CUARESMA (C)

Evangelio según san Lucas.13,1-9

En aquel tiempo, algunos hombres fueron a ver a Jesús y le contaron que Pilato había mandado matar a unos galileos, mientras estaban ofreciendo sus sacrificios. Jesús les hizo este comentario: “¿Piensan ustedes que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos?

Ciertamente que no; y si ustedes no se arrepienten perecerán de manera semejante. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿piensan acaso que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Ciertamente que no; y si ustedes no se arrepienten, perecerán de manera semejante”.

Entonces les dijo esta parábola: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo; fue a buscar higos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Mira, durante tres años seguidos he venido a buscar higos en esta higuera y no los he encontrado. Córtala. ¿Para qué ocupa la tierra inútilmente?’ El viñador le contestó: ‘Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortaré’”.

HOMILÍA

https://actualidad.rt.com/video/197451-siria-homs-ruinas-guerra-dron

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¿Viste a esxs refugiadxs apiñados delante de esas alambradas a las puertas de Europa? ¿Viste a todxs lxs que ya llevan años surcando nuestras calles y supermercados con sus atuendos “raritos”? Ya hay barrios de Madrid, de Londres o de Berlín donde los “raritos” somos nosotros, blanquitos sonrosados y diría que “mal cocidos” como si alguien nos quitara demasiado pronto del tostador.

¿Viste esos vídeos espantosos de Homs en ruinas… recuerdan al Berlín en ruinas del 45, a Guernica, y tantas ciudades?

Atrévete a ponerle a uno de esos hombres el nombre de tu novio, de tu padre, de tu hermano, y ponle a esa niña el nombre de la tuya, de tu nieta. Observa su rostro y deja que te sumerja toda la congoja que amenaza con deshacerte en pedacitos. No, resístete a pensar “la mía está bien calentita en casa”, “mi ciudad está intacta”. No mires por la ventana si no es la de tu corazón. Porque no es que ellos y ellas valgan lo mismo que tú, qué va… ni siquiera que tengan los mismos derechos que tú a vivir en paz, a tener un hogar cálido y proyectos que no sean buscar qué comer hoy y sobrevivir una noche más al invierno crudo… ¡No! Esa gente es sangre de tu sangre, es tu cuerpo, es tu familia adorada, son tus amigos del alma, esa ciudad es tu ciudad, ese mundo es mi mundo y nos lo están haciendo pedazos porque nuestra complicidad descansa en una falacia, en un invento diabólico: hacernos creer en nuestra individualidad en que estamos separados. En que al de enfrente lo puede atropellar un camión y a mí no me pasa nada.

Así que Jesús, camino de Jerusalén donde no le iban a dejar ni una parte sana, literalmente molido a palos y reducido a ruina humana, sabía que no era a él a quién iban a moler sino a ti, a mí al señor cualquiera y señora. Porque lo que allí aconteció es lo mismo que acontece hoy en las vallas, humanidad molida que duele y muere hoy. Alguien me decía hace poco que hay que dejar de ofrecer la eucaristía como sacrificio porque la cruz ya pasó, ya murió Jesús hace tiempo, se acabaron los tormentos… no es cierto: amores, proyectos, perspectivas, sueños, osos de peluche, suspiros de ilusión, compromisos de novios, todo… todo… hecho papilla, hoy, en nuestras narices y en el altar. No se nos ocurra pensar ni un minuto que estamos intactos, a salvo, porque “ellos por una parte y nosotros por otra” no es verdad. No porque mentalmente soy capaz de pasar miedo y decirme “nadie está a salvo de que le pase, hoy por ti mañana por mí”. Sino porque solo hay una humanidad y toda entera es respirada, vivida, llevada en brazos, podada, cuidada con mimo como la higuera “inútil” y solo eso puede salvarnos de la desesperación ante una fosa común, la memoria de una carnicería presente en Colombia o la Valla de Melilla, no la creencia que “a mí no me pasa”. Quien se sabe respirado por Cristo sabe que solo hay un cuerpo. Él lo sabía y ya iba sufriendo por eso camino de Jerusalén, más por su especie, la estirpe del Padre-Madre a quien iban a crucificar viva con él que por su individual persona… fracaso anunciado, de una cruz higuera estéril?

Aquí cabe preguntarse por la responsabilidad, un año más, una Cuaresma más… qué frutos dará mi higuera.

Así que mira esa gente, mira esas ciudades rotas con el nombre de tu pueblo natal y tal vez empieces a notar como te crecen los frutos, la verdadera com-pasión.

Y tus manos, tus pies, tu boca, todo tu ser se moverá tal vez y encontrarás la respuesta que llevas buscando desde que comenzaste a leer este texto .

¿y esto para mi vida concreta, para mis problemas gravísimos, para mis interrogantes profundos qué me dice?

Te lo prometo, llegará. Si estás preguntando desde el corazón del ser, del gran Nosotros. Lo sabrás. Basta mirar las caras de lxs voluntarixs en las playas de Lesbos, para saber que no miento.

Si alguien todavía busca en estas palabras la clave de la conversión que pide Jesús en este evangelio, le propongo esta: vivir, haciendo cuerpo o ser individuos separados muertos en vida. No se fuerza a nadie.

Pregunta, porque quien te contesta nunca se calla, nunca para de cavar, de aligerar tu tierra y de esperar la cosecha, sabe que “puede ser… este año o el año que viene”, siempre es posible. Está esperando y por poco que preguntes sabrás qué hacer. Y un último aviso, no hay frutos pequeños, sí miradas cortas.

Somos hijos e hijas de Quien es solo grandeza, solo Amor pasión, ¿a quién querernos parecernos?

Luz

 

 

 

 

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