5º Domingo de Cuaresma C 13 marzo 2016

 

Cuando el Señor cambió mi suerte… me parecía estar soñando (inspirado en el sal 125)

EVANGELIO (Juan 8, 1-11) .

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?” Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: “El que no tiene pecado, que le tire la primera piedra.” E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: “Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?” Ella contestó: “Ninguno, Señor.” Jesús dijo: “Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.”

Homilía

Jesús había pasado la noche solo, en el Monte de los Olivos, una de las tantas veces que lo vemos retirarse, para orar, para ver claro, recargar pilas como decimos ahora, para encontrarse con su Padre a corazón abierto, sin testigos.

Nada o poco queda registrado de aquellos momentos privados, secretos, en que se iba fraguando nuestra salvación. Nadie asistió al alumbramiento de ese Jesús definitivo, el que sería capaz de caminar hacia el Golgota plenamente consciente, despierto, en el gran sentido de la palabra.

Pero aquella mañana, llega al Templo y se sienta, está a ras de suelo, como si le quedaran unos flecos y estuviera continuando su meditación, escribiendo unos apuntes en la arena, la única vez que nos lo retratan escribiendo.

Escribo estos renglones en mi ordenador, escribo en las arenas de hoy, el espacio virtual desde el que tanta gente puede recibirme pero que no deja de ser un soporte igualmente irreal … añoro esos rasgos, me inquieta saber qué idioma, qué letras o qué símbolos quedaron ahí. Siento celos de la piedra, anhelo que algún día mi Maestro grabe siquiera su nombre definitivamente en mi ser en el ser del mundo, en nuestras arenas movedizas, que ya nada ni nadie pudiera borrarlo… infantilmente anhelo lo definitivo, lo inefable, el “para siempre” de todos los amantes.

En busca de los garabatos perdidos en mi interior, presiento que están ahí, también sentada en el suelo, me senté en el suelo, en el mismo lugar donde suelo hacer oración, en busca de pistas y veo más claro.

Cuando toma la palabra, sembradora de vida y eficaz, Jesús se levanta; cuando se calla se vuelve a sentar, dos veces.

Observo que sus palabras sí nos llegaron, en alas de los testigos, la alegría de la mujer perdonada llegó hasta nosotros.

Y llegó el perdón, nos llega.

Levanto la vista hacia los demás protagonistas, escribas y fariseos, varones llenos de razón y razones retorcidas y aviesas, con sus trampas de legistas de corazón congelado.

Tan congelado que ponen una vida en manos de alguien a quien consideran un impostor, porque de eso se trata, de descubrir un impostor. Allí exponen a un ser humano a pedradas, como podría haber sido una gallina (todo mi cariño por las gallinas, vaya por delante), una botella vacía lista para que la rompa el primer machote con buena puntería.

Allí mismo, a unos pasos, el cuerpo encogido y sobresaltado por los temblores del espanto y del llanto incontenible, una mujer cuya vida vale tanto como de una vieja lata de cerveza vacía. Jesús aún sumido en su oración, envuelto en el manto de la ternura paterna y la mujer, atesorando tal vez el sabor de las últimas caricias robadas, los placeres prohibidos, asida a los últimos besos, los ultimísimos de su vida, cavila ella… arrancada al lecho brutalmente. ¿Dónde está su compañero? No puedo evitarlo, por qué no está él ahí. Por qué el pecado es solo de ella, y no también de su amante? ¿y dónde está el marido ofendido? Acaso podría figurar él en el banquillo. Quien causa el mal no siempre es el que comparece…No sabemos pero ahí falta gente, o sobra, según como se mire.

Porque la escena que acapara los focos es la que envuelve dos miradas, la de la mujer, fijamente clavada en el rabbí interrogado que parece tener su suerte en sus manos, y la de Jesús que lee en ella su propia historia. A él también quisieron apedrearlo, varias veces, y siempre escapó. Incluso hacía poco unos guardias del templo habían querido apresarlo y no se atrevieron. La entendía, como nadie la había entendido jamás. Dos apedreados, dos incomprendidos cruzando sus miradas, comulgando con toda la injusticia del planeta, con todos los dolores infligidos por corazones congelados y mentes en parada cerebral.

Como los de quienes asesinaron a Berta Cáceres, la defensora de la madre naturaleza de Honduras, y la semana pasada, a Klaus, el estudiante de 20 años, en Bogotá matado a quemarropa mientras jugaba al fútbol sala con sus amigos, y la de esa niña de 14 años, hija de otro líder campesino, que encontraron esta mañana muerta y con marcas de torturas …y tantas y tantos otros cuya nómina produce mareo incurable, nausea eterna, porque sus luchas estorbaban las fechorías de los que quieren hacer de nuestro mundo un basurero con tal de llenarse los bolsillos…

Estas nos llevan directamente a la cruz y nos vuelven a preguntar por el sentido de los patíbulos.

En vísperas de Semana Santa se reaviven todas esas viejas preguntas.

¿Por qué interesaba mantener en vida a la mujer adúltera y sin embargo Jesús aceptó sin pestañear su propio asesinato, pocos días después?

¿Qué diferencia una muerte de otra? ¿Un calvario de otro?

En nuestras vidas, hay dolores grandes y pequeños, algunos inmensos como los que estarán pasando las madres y padres de estos niños matados… y también aquél, muerto de hambre en un hospital a dos cuadras de mi casa como nos contaban esta mañana. Lo que se diga de estos dolores, puede matar otra vez, hay que tener cuidado, hay palabras que matan, y silencios que también.

Me atrevo a vislumbrar que entre las muertes “injustas” -y aquí se incluyen también las penas de muerte, los accidentes de tráfico, los niños ahogados y los matados por las bombas, por la indiferencia, las vallas y la estupidez…- y la cruz de quien muere por amor y da la vida aportando sentido a todas las demás muertes, a todos los apaleamientos y apaleamientos del mundo, hay una diferencia.

No señores, Jesús no avala las palizas y las bofetadas, las patadas en el estómago conyugal ni las torturas, no es eso, jamás será eso. Y no es que Dios no mande “aguantar”, sino que no permite aguantar, y me atrevo a afirmar que prohíbe soportar ni el menor pellizco.

Bastante tenemos con la enfermedad, el maldito cáncer, el puñetero SIDA y las malformaciones… los males incontables que nadie provoca sin añadir ni un solo “ay” al mundo. Nos basta con ser frágiles y acabables.

Porque la vida, la sagrada integridad del cuerpo, se puede dar, se puede entregar con soberana libertad pero tiene que tratarse de la propia, no se puede quitar ni dañar la de nadie.

Del sentido que puede tener una vida entregada tocará hablar pronto…

El Maestro soberano, capaz de darlo todo por que tú sepas que nadie tiene derecho a arrancarte ni un solo cabello está de pie, parado junto a ti y te lo ordena, levántate y camina erguida. Te quiere sanada, íntegra, en posesión del tesoro de tu dignidad. Te quiere perdonada, devuelta a la esencia original, a la frescura de la recién creada, estrenando vida y gozándola, te quiere LIBRE.

Es la única respuesta de que dispongo hoy para compartir.

¿Los otros? ¿Los de la piedra en la mano y corazón de cemento? Solo nos queda desearles que esas miradas intercambiadas en su presencia, la alquimia que transmutó el sufrimiento en amor, les haya revuelto las tripas, nos las revuelva de una vez para todas… y gustemos aunque sea a sorbidos el “vete en paz” que todo lo cura.

Paz y buen camino hacia la Pascua liberadora.

Luz, presbítera

 

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