María, la de Magdala. Confesando los silencios

Santa Myriam de Magdala apóstol

Desde que se supo la noticia del “ascenso” de categoría de la celebración del día de Myriam, de memoria a fiesta, las reacciones no cesan. En realidad ¿cuándo habían parado?

Cada “ascenso” de mujer, cada golpe de pico dado por una mujer en la pétrea pirámide de los poderes masculinos es analizado, diseccionado y criticado de inmediato. Da lo mismo que sea en el entorno laboral, familiar, académico o espiritual.

De inmediato, como en vida de ella, surgieron críticas: no se necesita ascender a nada, eso es del patriarcado, lo merecían más otras mujeres como Marta (verídico)… Solo me interesa de estas críticas resaltar que nacen de las heridas de la gente, las que les inflige ese mismo patriarcado. Las carencias, los complejos, la falta de autoestima, el dolor del sometimiento… en fin, el entumecimiento de los miembros y del alma que no nos deja levantar y nos hace chillar de dolor cada vez que alguien sí se levanta e intentamos imitarlo. Lo entiendo y lo acojo como lo que es, dolor. Pero no dejaré que ese dolor gobierne nuestro mundo, no mientras crea que tiene cura.

Myriam lo creía, lo creyó y sigue creyéndolo hoy. Me siento en su escuela, como me siento en otras escuelas de mujeres a quienes debo tanto, agradeciendo que me puedan enseñar: amar a fondo perdido sin perder el alma, ganándolo todo. Mujeres vivas hoy, las cercanas y las que me llegan por los libros, la memoria.

No voy a dar nombres, las quiero a todas y me encargo de que lo sepan.

Luego están esas mujeres invisibles cuya amistad es un regalo no solicitado e inmenso, mención especial para Myriam de Nazaret que no falla y me lleva de la mano para que su hijo me llene la copa cuando la creo vacía. No caberían aquí la larga lista de profetisas, reinas, comadronas, esclavas, pastoras…Remito a las numerosas obras sobre las mujeres de la Biblia porque temo que me falle la memoria y simplemente la lista ocuparía varias páginas. ¡Busquémoslas!

“Las críticas son los aplausos de los celosos y envidiosos” leía hace unos días, no sé de quién es la ocurrencia pero es muy cierta. No, ¡¡¡Magdalena no fue una puta!!! Una mujer libre, de pie y con palabra propia es una mujer imago Dei y persona Christi. Sépanlo de una vez y pidan perdón.

Vaya por delante que no aplaudo el modelo piramidal verticalista y opresor que existe en nuestras sociedades, iglesias y familias, y hasta entre nuestras amistades, debidamente jerarquizadas …

De modo que lo que comparto hoy no es la alegría por un ascenso sino por la visibilización y el reconocimiento. Vino del Vaticano, lo celebrará todo el pueblo. La bendita Ruah se cuela por todas partes sin pedir permiso y de su ventilación no se escapan ni las más profundas mazmorras. Su Luz y su fuego llega a todas partes, ¡hasta a Roma!. Por más bomberos que tenga la Santa Sede, no la apagarán.

Sí, es justicia que Roma, fundada sobre el trono petrino, haga enmienda y devuelva a su lugar la Apóstol de los Apóstoles. Es su deber y ojalá fuera su salvación.

Hace unos años, en el tren, venía leyendo un manual de historia de la Iglesia, obra de un profesor del que tenía que preparar la asignatura para un examen. Doce horas de sentada obligatoria dan para mucho pero no me lo pude terminar. Me intoxiqué en el primer capítulo “san Pedro debe su primacía al hecho de que fue el primer descubridor y proclamador de la Resurrección”. No pude seguir leyendo, me pasé todo el viaje, que no hacía más que empezar, conteniendo la rabia a la que no podía dar rienda suelta. Llegué a mi destino y seguía la rabia, no pude dormir aquella noche. Ya capaz de adentrarme en las sensaciones, allá muy en el fondo sentí que mi rabia conectaba con una fuente inmensa de rabia y dolor. Myriam de Magdala negada desde los siglos seguía viva, manifiesta en el silencio que la envuelve.

He leído cientos de artículos, he visto decenas de documentales, novelas de título conocido y ensayos sobre ella. Me queda una marea de hipótesis, un dato seguro… era grande, es grande esa mujer. A pesar de tanto esfuerzo desplegado en invisibilizarla, no lo consiguieron.

Entre esas escasas tres páginas de su evangelio (link a continuación) hay silencios gordos como puños, y oscuridad, mucha oscuridad.

A mí se me da bien confesar los silencios. El silencio es la lengua universal de lo que realmente ES.

Por más vueltas que le demos, nunca sabremos si fueron esposos ella y Jesús, si tuvieron los hijos que cuenta la leyenda, si consiguieron amarse como varón y mujer alguna vez… y ¿qué queréis que os diga? Yo se lo deseo, por su bien, porque nadie merece irse a la otra orilla sin haber conocido un amor así salvo que renuncie voluntariamente. Nada sabemos de una renuncia tal en ellos y, además, sus intimidades no son de nuestra incumbencia.

Pero… tantos años de represión sexual en la Iglesia católica, tanto ocultamiento de amores “prohibidos” e hijxs expúreos de los señores curas, tanto voto de celibato imputado al supuesto celibato de Jesús… pesa tanto ese dolor… pesa tanto el dolor de tantas mujeres amadas a oscuras y con culpa, de tantx niñx abusadx, tantas neurosis y amputaciones mentales y hasta físicas… ¡pesa tanto tanta castración!. Vendría bien saber que el Maestro hubiera dado testimonio vital de amor también físico, sexual, puro, infinito, pasión generosa e incondicional. Ese modelo se echa cruelmente en falta en nuestra iglesia, en nuestro mundo.

Confesando el silencio se evidencia que quien descubre “la tumba vacía” y se encuentra con el Crucificado vivo, quien regala a la humanidad el Testimonio que la salva al fin, proclamando la victoria del amor sobre la muerte, solo puede ser quien lo amó más que nadie.

Bastante para aguantar al pie de la cruz hasta el final, como la mamá Myriam y el amigo íntimo. El mérito no es por ser mujer, es por haber aguantado lo que ninguna persona debería aguantar: asistir a la tortura y muerte de un ser querido.

Lo suficiente para salir aún de noche a visitar un sepulcro.

Fuerte para atreverse a hacer lo correcto.

¿Quién más tuvo ese valor? Si se la nombra es que lo hizo. A ellos les habría gustado que no fuera así. Según las versiones, otras mujeres la acompañan. Mujeres.

¿Quién lo amó más? Solo se me ocurre un nombre que no compite ya que es otro amor, el de madre, que esa mañana estaría llorando en brazos del Padre. El sepulcro no es lugar para una madre. De entre los discípulos solo una salió esa mañana. No nos cuentan si llevaba miedo pero hay dolores que apagan hasta el miedo.

En el fondo de un gran dolor hay un gran amor… este no tenía ni fondo.

Experimentar vivo a quien ha muerto, cuando te falta su cuerpo, su sonrisa, su aliento, el brillo de sus ojos y ese ademán tan peculiar que recuerdas cada vez que cierras los ojos; confieso que lo creo imposible al día siguiente. Magdalena lo hizo y lo contó.

Tal vez algún día desenterremos algún papel más, algún manuscrito maravilloso, pero no me hago ilusiones. Será una copia de copia, obra de amanuense desmemoriado y bien intencionado, como los evangelios canónicos y los otros. Kilos de exégesis en perspectiva y de hermenéutica sesuda… uuuf. Se necesita otra cosa.

Lo que tenemos es tu grito, Myriam, en la mañana de Pascua, tu grito ciego de pasión que resuena hasta hoy: “¡Rabbuní!”.

Sea como sea, Myriam, te admiro sin límites, te quiero y escruto los silencios y las sombras, negativos de tu fotografía, elocuentes testigos del amor que me gustaría imitar aunque solo sea un poco.

Porque el amor nunca muere, el amor que somos no muere. Enséñanos a amar, enséñanos a amarlo a él…

Bendita y alabada sea por tu amor puro de mujer, modelo de discípula, de amante y de sacerdote. Hoy y siempre en Cristo. Amén

Christina, presbítera

file:///E:/FileHistory/MAGDA/MOI/Data/E/Documents/libros%20teo-filo/Evangelio%20de%20Maria%20Magdalena%20(1).pdf

http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccdds/documents/sanctae-m-magdalenae-decretum_sp.pdf

 

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2 pensamientos en “María, la de Magdala. Confesando los silencios

  1. Leyendo esto recuerdo la pedante prohibición (lista de libros) que realizó el papa Gelasio condenando, muchos libros ‘apócrifos’, entre ellos, el libro de los hechos de Tecla y Pablo. Esta fuerza anti-mujer ha estado presente en el poder y en la condena.

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    • por fin encuentro la forma de responder a los comentarios! yuhu!
      Yo diría que es una fuerza anti “femenina”. Afecta más a la mujeres pero sufre toda la humanidad. ¿qué haemos con la faz femenina de los varones? Un rostro masculino entregado en la ternura es algo arrebatador para mí.

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