Heredad de paz y bien

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Domingo 18 TO 2016

EVANGELIO (Lucas 12,13-21)

En aquel tiempo uno de la gente le dijo: «Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo». Él le respondió: «Hombre, ¿quién me ha hecho juez y repartidor entre vosotros?». Y prosiguió: «Guardaos bien de toda avaricia; que, aunque uno esté en la abundancia, no tiene asegurada la vida con sus riquezas». Y les dijo una parábola: «Las fincas de un hombre rico dieron una gran cosecha. Y él pensó: ¿Qué haré, pues no tengo donde almacenar mis cosechas? Y se dijo: Destruiré mis graneros, los ampliaré y meteré en ellos todas mis cosechas y mis bienes. Luego me diré: Tienes muchos bienes almacenados para largos años; descansa, come, bebe y pásalo bien. Pero Dios le dijo: ¡Insensato, esta misma noche morirás!; ¿para quién será lo que has acaparado? Así sucederá al que amontona riquezas para sí y no es rico a los ojos de Dios».

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Precisamente gracias a su abrupta respuesta donde queda bien claro que no es un administrador de bienes o una especie de notario, sale aquí a la luz un rasgo muy entrañable de Jesús: su visión que traspasa en segundos todas nuestras capas y nuestros personajes llenos de miedos, celos y pasiones poco ejemplares, de todas las defensas que una se va construyendo para, pensamos, sobrevivir con éxito en nuestra sociedad despiadada.

Es capaz de ir al núcleo, adonde una misma no llegaría ni con años de introspección.

Pone el dedo en la llaga: la avaricia, la codicia… el acumular hasta reventar porque solo así, creemos, podremos “vivir bien”.

Los textos circundantes de este evangelio aportan luz a este texto y recalcan que lo esencial, lo único que tiene que tenernos ocupados, que no preocupados, es la Vida. Que vivir bien es otra cosa que “pasarlo bien”. Que vivir es justo lo contrario de afanarse por acumular. De ahí a decir que la preocupación por los bienes aboca a… morir, no hay más que un paso. ¿Porque, si no vives qué estás haciendo? Y quien no vive, el muerto, arrastra a la muerte, no tiene otra cosa que ofrecer.

Alguien dirá que la negatividad está pudiendo hoy con esta reflexión. El juicio de Jesús no da pie a bailar de alegría, su sentencia profética es tremenda y muy seria “esta noche morirás”.

Donde se podría leer un texto moralizante se revela una sentencia de muerte; su contenido afecta la vida y su sentido. No entenderlo es… morir.

Estos días asistimos a la radicalización del terror, a su extensión como mancha de aceite incontrolable. Me recuerda la experiencia del naufragio del buque petrolero Prestige, en Galicia, hace años. Recuerdo con nitidez cuando salimos a la mañana siguiente a comprobar el estado de las playas, cada cual en su playa, en su puerto,  llevando cuenta de su parte de costa amada, la de los paseo y los veranos de sol, la que le traía el sustento en forma de pesca… y se oía: “manchas”, “aquí también hay”, “y aquí…” y poco a poco se cernía una oscuridad color petróleo por el mar y por las almas, barriendo hasta la esperanza. Hubo suicidios aquellos terribles días.

Los asesinatos terroristas de distinta calaña –da lo mismo los islamistas que los racistas o los homófobos- en las cuatro esquinas del mundo, Orlando, Alepo o Niza tanto como las de -en modo individual- como el asesinato del sacerdote de Rouen, van segando vidas, rompiendo por lo sano historias de gente como tú y como yo, que hasta hace unas horas comía, reía, se afeitaba y paseaba a su perro haciendo planes de futuro. Sí, se puede morir hoy. Para la Fuente Eterna de Vida siempre es hoy.

Y, prueba de que necesitamos esta parábola de fuego, es que estas muertes de estos días que acabarán degenerando en guerra mundial, como ya se declaró en la ONU, y el mismo papa, es que están acabando sobre todo con la esperanza. Están despejando la plaza para el miedo y el odio: la muerte.

Sin esperanza dejamos de ser personas, nos ahorcamos como hicieron aquellos marineros que pensaron que nunca más el mar traería peces y cedieron al miedo, o cedemos al odio… otra forma de muerte brutal.

Y eso el mal lo sabe. Vale que un Islam radical e insensato esté queriendo asentar una nueva hegemonía mundial, vale que para eso usen el Corán y el resentimiento secular trayendo las Cruzadas a colación, olvidando de paso que la provocación primera no vino de los cristianos…

Vale que el occidente saque ahora a la luz todas sus culpas, su colonialismo devastador y humillante, la explotación de oriente y sus riquezas, la expoliación de las culturas indígenas de América y África… Sí todo eso es cierto.

Y todo eso lo aprovechan unos pocos, el mal con nombre y apellidos, moviendo los hilos de sus marionetas, nosotros, para lograr ser todavía más ricos y asegurar sus descomunales y vergonzosos graneros a expensas de todos los demás.

La parábola no lo explicita pero cae de cajón: si yo tengo los graneros a rebosar, tanto que tengo que ampliarlos, ocurre que alguien en alguna parte no tiene ni para comer. Esos graneros necesitan matar para engordar… ¡no acabamos de deshacernos del olor a muerto!

Hoy domingo, se ha pedido, en Francia, que los musulmanes de buena voluntad acudan a misa para rezar por la paz con lxs cristianxs en todo el país y que lxs cristianxs acudan a las mezquitas con el mismo propósito.

Si esto ocurre, y de hecho puede ser ya que estos días pasados ya han rezado juntxs en iglesias y mezquitas; si somos capaces de aguantar, de seguir ciegamente este filón que lleva a la paz, a pesar de saber que vamos a enfurecer a los buitres que ya se ponían el babero oyendo los primeros gritos de revancha que no tardaron en salir, si somos capaces de sujetarnos a la paz como clavo ardiente, a aferrarnos a cualquier precio a su luz tenue pero cierta, no moriremos ni hoy ni mañana, ni nunca. Se necesita audacia y mucha testarudez, retoños de la fe.

Esta es la herencia que el Señor sí vino a repartir y a administrar:

No hay riqueza ni bien, en este mundo ni en otro, que no sea regalo de Dios, herencia santa para nuestro sustento y goce, incluso para la diversión y la fiesta. Pero siempre que dispongamos de ella sabiendo que es para todxs, para musulmanes y cristianxs, para judíxs y atexs, para hombres y mujeres como dice Pablo (lectura de hoy, Col 3,1-5.9-11). Y ese día se sabrá porque no tendré que repetir esta frase, ni tendré que inventar trucos ortográficos para evitar el sexismo del lenguaje opresivo con las mujeres. Para entonces ya tendremos lenguaje inclusivo que no lastime la vista. Habremos entrado en posesión de un bien escaso, no la tolerancia que jerarquiza sino el amor incondicional, el que no distingue ni juzga sino que ama y ya. El que no busca poseer ni a la otra persona, ni aferrarse a los bienes, a las ideas, a las emociones, ni siquiera a la tierra patria o matria y ni siquiera a la propia vida… porque la perdería. Jesús lo sabía, lo demostró.

No buscar poseer sino el amor, buscar ser poseída por él. Esa búsqueda es toda la herencia que ansío. Lo demás será regalo añadido y Dios no es avaro.

Solo así la ansiada paz podrá ser.

para quienes puedan leer francés les dejo este enlace, carta profética del p. Hamel, apóstol activo del diálogo interreligioso y del amor inconcional, en vísperas de su muerte. Honor y paz a él y a cuantas personas le acompañan en el último viaje a la luz en estos tiempos dolorosos.

« Prions pour la paix », la lettre prophétique du père Hamel

Christina

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2 pensamientos en “Heredad de paz y bien

  1. El don universal y la trama de las culturas. Me gusta la idea de una experiencia del don de Dios que se hace lenguaje (que no lastima los ojos) y se hace inclusivo. Quizás esa vía del don sea la que supere las disecciones conceptuales culturalistas

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    • sí, se trata de buscar ese lenguaje; común y reconciliador. La utopía, tal vez, del Lenguaje del amor a la vez encarnado y anclado en la luz. Un sueño por el que merece vivir. Cuando lo pienso se me ocurre la imagen de la cruz, como si esto pasara por una entrega total. ¿qué dices? sera prometeico el sueño?

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