Amen… confío en ti

 

sicomoro-en-eritrea

Domingo 27 TO C

EVANGELIO (Lc 17, 5-10)

 En aquel tiempo los apóstoles dijeron al Señor: «Acrecienta nuestra fe». Y el Señor dijo: «Si tuvierais una fe tan grande como un grano de mostaza y dijerais a este sicómoro: Arráncate y trasplántate al mar, él os obedecería». « ¿Quién de vosotros, que tenga un criado arando o pastoreando, le dice cuando llega del campo: Pronto, ven y siéntate a la mesa? Más bien le dirá: Prepárame de cenar, y ponte a servirme hasta que yo coma y beba. Después comerás y beberás tú. ¿Tendría que estar agradecido al criado porque hizo lo que se le había ordenado? Así también vosotros, cuando hayáis hecho lo que se os haya ordenado, decid: Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer».

Amén,

Amén es palabra para arrancar, para poner un pie delante de otro al comenzar la jornada, jugándose todo a una carta: la confianza.

Quienes tienen más años oirían “fe es creer lo que no vemos” y quién no sabe lo que es la “profesión de fe”: la lista de verdades que hay que creer.

En realidad estamos tan acostumbradxs a este sentido: dar crédito a cosas que nos han contado, que jamás hemos presenciado, que otros cuentan y que, por supuesto, a menudo ni entendemos… de modo que ¿hasta qué punto las creemos?

No puedo creer lo que no entiendo; si las palabras no refieren algo que mi mente o mi corazón, o ambos, no asienten, honradamente no las creo. Repetir fórmulas no me hace más creyente por más esfuerzo que le dedique y aunque yo sea “de buena fe”, es decir de buena intención.

De modo que tocará preguntarse qué estaban pidiendo a Jesús sus enviados y enviadas (eso es un o una discípula). Estos delegados de la primera hora no necesitaban convencerse de que los hechos de su Maestro y sus palabras eran la verdad, los habían presenciado y oído en persona. Así que no querían un seguro contra las dudas. Otra cosa somos nosotros, lupa en mano, escudriñando sin piedad cada letra menuda, cada coma, dejándonos los ojos en el texto de testimonios ajenos y añejos. Los contenidos de la fe fueron y todavía son, un quebradero de cabeza. Es la “fides quae creditur” de san Agustín: la fe que cree que… tiene que ver con la creencia o acaso la credulidad. Busca afianzar en uno mismo el anclaje en una doctrina, un conjunto de afirmaciones o que ciertos hechos transcurrieron verdaderamente y transcurrieron de determinada manera. Cuánta energía gastada en esto…

La respuesta de Jesús en este evangelio tal nos esté diciendo que vamos un tanto errados si enfocamos la fe por ahí.

Así suena en hebreo emunah, en latín fides, en griego pistis, en francés foi, en inglés faith, en italiano fede…

El Nuevo Testamento que manejamos fue escrito en griego, así que la palabra griega es la que fue traducida como fe, significa lo mismo que la hebrea que seguramente usarían los protagonistas de este diálogo. Es la misma que se usa en Gn 15,6 “Abrahán creyó al Señor”.

Sabemos que ambos tenían un trato, una alianza, promesas recíprocas: la parte humana confiaba y la Divinidad prometió fidelidad, prometió no fallar.

Leía estos días que las caravanas del desierto, tal vez ya los paisanos de Abrahán y Sarah, tenían que parar a descansar cada noche, en su travesía incierta y peligrosa del desierto. Cada mañana volvían a ensillar los camellos, a desmontar las tiendas, a recomponer la tropa de gentes y animales, a estibar las mercancías… entonces se pasaba revista y alguien preguntaba ¿todo listo? La respuesta era AMEN. Amén: adelante, confío en ti, será todo como prometes, dejo el mando en tus manos. Tú guías y yo te sigo. El día recién amanecido merece un voto de esperanza, merece ser vivido. Los kilómetros de hoy merecen la pena y nos ponemos en camino con mente abierta y alegría. El amén no es una conclusión, es un sí lanzado al aire, un impulso de salida hacia todavía no se sabe qué.

Tal vez ahora quede más claro qué hace la segunda parte de esta historia ahí pegada. Solo el sicómoro obediente merece un trato destacado (copio aquí un enlace para quien quiera estudiar la botánica bíblica https://israel-tourguide.info/tag/bible-plants/, apasionante), junto con la diminuta semilla de mostaza forman la pareja disparatada donde la más pequeña da la orden y el grande obedece. Llamativa forma de describir el poder. Todo lo que vive, incluso lo que podría parecer pequeño y vil, tiene cabida en un Reino descabellado donde lo que importa es solo VIVIR

Pronunciar el amén es prepararse para servir en la confianza más absoluta, descansando sin reparos, sin rechinar de la mente, en la fidelidad prometida desde antiguo. Si fallo, ella no fallará. De hecho el sol seguirá levantándose mañana, siempre vendrá otro día, aunque el sol se apague, la vida no se apagará jamás porque lo contingente, y hasta prescindible es el sol.

Lo que nos toca, diminutas mostazillas, es obedecer a la vida y su fidelidad, tener nuestros ojos dentro de los del Amo siempre dispuestos a leer sus órdenes. Y cual sicomoro, iremos directamente a plantarnos en el mar.

No poner límites al servicio, esta es la primera clave, no esperar la rápida recompensa y el disfrute de los frutos, sino servir, una y otra vez. Servidores inútiles por definición, ya no nos preocupan los resultados, no hemos de cosechar nada. Ni siquiera deberemos esperar ver qué produjo nuestro trabajo, en el océano de lo que vive; qué clase de riquezas generó ni recibir gratitud alguna. Solo saber que hay que trabajar. Trabajar es la recompensa. Haber sido aceptadxs en el campo, así sea a labrar, podar o repartir estiércol, es la recompensa. Estar día a día mano con mano levantando puentes, reparando tuberías, recogiendo basura, restañando tejados y tabiques. Eso solo basta.

Igual que toda la gente que puebla este planeta, igual que cuanto vive en este bendito globo, vivir es nuestro lote, servir, el gran regalo que nos trae el único poder: la gracia de formar parte de esta gran corriente que va a dar a Mar.

Igual que la compañera atea, el esquizofrénico, la hiper-racional convencida, el vegano y hasta el psicópata, siendo uno con nuestra raza y también con las arañas y los mosquitos, jirafas y piojos, hiedras y palmeras, con toda la creación que nos enseña obediencia y fidelidad ciega.

A menudo me asaltan dos preguntas acuciantes:

¿Cómo aprenderé la obediencia de los árboles que no pueden moverse y rinden culto a su Dios, a la Madre tierra y al Cielo apenas moviendo sus ramas si el viento se digna soplar? Obedecen sin rechistar a la hora del hielo, del otoño, de las frutas o de las flores, y no paran de crecer. Siempre les tuve envidia.

¿Por qué existen los locos y los malvados? Comparten la misma gracia que tú y que yo, respiran el mismo aire y son la misma luz viva que habita a todos. De alguna manera, la gracia no hace distinciones y se expande… en cualquier semilla de mostaza.

Hoy nos dieron una soberbia lección de humildad, un recordatorio para entrar a formar parte de una sola cosa, la corriente de la vida, que crece conforme vamos sirviendo en lugar de pedir premios y resultados.

Tener fe es respirar, y ya.

Entonces, verás el extranjero, a la violada y a la huérfana a tus puertas, y verás que las puertas no existen. No pensarás en tu granero peligrando ante la presión de tantos hambrientos, no pensarás nada en absoluto, no juzgarás en absoluto, no harás inventario de ofensas y agravios, faltas y aciertos, razones y fallos, solo respirarás, o tal vez suspirarás, abrirás los brazos y continuarás el servicio, solo lo que está ordenado porque eres solo eso, una servidora inútil haciendo lo que tiene que hacer. Entonces vivirás.

Amén… de ahora y en adelante… amén

 

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Un pensamiento en “Amen… confío en ti

  1. Preciosa tu reflexión sobre el Evangelio – un paso más allá de las creencias a la fe-confianza en El. El es el Camino y ya vamos en el Camino – en un camino de servicio y de alegría – en El – en el eterno Amen que así es!

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