28 Domingo TO C Ver y agradecer

28 Domingo TO C

Ver y agradecer

La lepra, una historia de marginación social

Semmick Photo – Shutterstock

https://hipertextual.com/2016/01/lepra 

EVANGELIO (Lc 17,11-19)

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasó por entre Samaría y Galilea. Al entrar en una aldea, salieron diez leprosos a su encuentro, que se detuvieron a distancia y se pusieron a gritar: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros». Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes». Y mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, al verse curado, volvió alabando a Dios en voz alta y se echó a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era samaritano. Jesús dijo: «¿No han quedado limpios los diez? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No hubo quien volviera a dar gracias a Dios, sino este extranjero?». Y le dijo: «Levántate, anda; tu fe te ha salvado».

Camino de Jerusalén, camino de humanización y divinización a la vez, Jesús camina salvando, en ruta, sin apenas detenerse.

Los leprosos también caminan, solo su voz alcanza a Jesús que no los toca, no hace ningún gesto solo les pide que vayan… caminando… y se presenten a los sacerdotes. Ellos permanecen alejados, se adivina su debilidad. Su enfermedad es grave: el peor sufrimiento tal vez sea el sentirse excluidos de su familia humana, el no “tener lugar” más que en el camino, nunca en la ciudad y menos en el templo, lugar de la pureza por excelencia.

Esto nos lleva hoy sin rodeos a las exclusiones que alejan a la gente de la “ciudad” y también del templo, a nuestxs leprosxs pestilentxs modernxs.

Escuchaba con horror esta semana varias noticias, a propósito:

En Colombia los defensores del no en el plebiscito decían algunos que los acuerdos le darían legitimidad a los homosexuales y a la “teoría del género”. Esto fue ampliamente difundido por la iglesia católica a través de sus obispos, obligando incluso a dimitir a la ministra de cultura, acusada de editar unas cartillas (libros de texto) fomentando esas dos “desviaciones”. Me estoy dando cuenta de que las comillas acabarán invadiendo mi texto esta vez… demasiado es demasiado.

Esos mismos obispos fomentaron el no porque no defendieron claramente el sí. Mandaron votar en “conciencia” a personas que ni habían leído los acuerdos y tal vez ni pudieran entenderlos. Cuando una niña de 12 años es violada le prohíben abortar, castigan y excomulgan a ella y a su mamá si lo hace… no al violador por cierto. De modo que la conciencia es solo para cuando nos dan permiso.

Solo necesitamos ver las noticias que llegaban de Polonia esta semana para comprender a qué se dedica el templo y como quiere que usemos la conciencia.

El papa estuvo poco afortunado cuando otra vez volvió a fustigar la “ideología de género”. Y, hechos sorprendente, a pesar de que esa ideología o teoría o como se quiera llamar, no existe, todo el mundo entiendo lo que significa: mujeres a cuidar y varones a gobernar el mundo. http://www.lanacion.com.ar/1945154-el-papa-y-francia-enfrentados-por-la-teoria-de-genero

Nuevamente en un encuentro ecuménico con el arzobispo de Cantorbery, las mujeres y su posible ordenación fueron relegadas al rango de “obstáculo”. http://www.periodistadigital.com/religion/otras-confesiones/2016/10/05/welby-y-francisco-sellan-religion-arzobispo-canterbury-papa-anglicanos-catolicos.shtml

NO, los roles no están definidos por los genitales ni por el sexo, están definidos por la cultura, la educación y lo que quiera la gente ser, cuando se lo puede permitir. ¿esos son los problemas que hoy afrontamos? ¿en serio? Más bien el focalizarse en esos falsos problemas no será otra lepra más, resultante de crear más exclusión o más lepra para sentirse bien en los resguardos del recto pensar y de buen vivir burgués y privilegiado… son preguntas.

Afortunadamente, todavía quedan samaritanas y samaritanos. Quedan personas libres, lo concedo, no son la mayoría – una de diez es un ratio pequeño- y capaces de salir del templo, hacer el camino al revés y buscar lo único que salva e importa: el encuentro personal con Dios, que los leprosos reconocen en Jesús, en Jesús en camino con un único fin: salvarnos.

La salvación estriba en

Saberse salvado, reconocerlo, verlo como lo vio el leproso extranjero… no dice el texto si los demás también lo vieron pero él sí. Saber que la salvación no requiere méritos y trabajos, cumplimientos y ritos precisos y, reconozcámoslo, a menudo fastidiosos. Saber que es en todos nosotros y nosotras, que se nos da con el aire que respiramos.

Por eso Jesús no causa exclusión, una vez más, y reparte la sanación sin distinción. Saber que no hay que pagar nada por “ser de Dios” por nuestra filiación es salvarnos. Se trata aquí de usar el verbo saber en sentido activo, vivirlo como si fuera y comportarse como lo que somos, sin complejos.

Dice en evangelio que el encuentro con la luz y la verdad, con el Dios Vivo, se da en camino, pisando tierra, en marcha con lxs excluidxs, no en el templo. Cuando la Iglesia se haga camino, cuando salga a los caminos, se encuentre con quienes sufren, con las personas de carne y hueso, se le van a terminar las disquisiciones morales porque ante una víctima de la guerra, del hambre o de la guerra, no sobrevive ningún prejuicio, no aguanta ningún andamiaje jerarquizante, solo te sale tirarte a sus pies y reconocer a tu Dios.

Estos días pasados, cuando escuchaba que las víctimas de la violencia en Colombia habían votado masivamente por el sí (aunque ganara el no, no quiero silenciar tantos síes poderosos), un sí que implicaba una fuerte dosis de perdón y reconciliación; que a pesar de un dolor del que doy fe testimonial, dieron el sí a la paz renunciando a revanchas y castigos, me sale tirarme a sus pies: mi Señora y mi Diosa… la mayor parte son mujeres, los varones fueron matados. Ellas saben lo que es estar en camino, huyendo de quienes te dejaron sin casa, sin tierras, sin ganado, y sin hijos. Si el mundo escuchara a las víctimas y a sus madres, Dios podría gritar de nuevo “tu fe te ha salvado, vete en paz”.

Porque vivir es muy cansado, el sufrimiento inevitable, los huracanes y las guerras no se callan, los mares están tan llenos de agua que ahoga a la pobre gente, hasta el planeta no nos aguanta. La fauna de dos patas le sobra por momentos.

Pero las lepras que nosotros hemos creado, las aves de rapiña que sacan de su casa a la gente por impago, las bombas que se las destruyen, y también las que destruyen hospitales y escuelas, las mentiras que no nos dejan amar en paz son las más difíciles de curar. No nos engañemos porque si “ellos” mueren, nosotros morimos antes o después.

Exhorto a quien se canse, quien no acabe de cerrar todas las heridas, la gran mayoría igual que en esta historia, aprenda a volver, una y otra vez, aunque sea arrastrando los pies. Y vuelva a dar gracias porque el bien ya fue enviado.

Exhorto a cada cual a salir de sus armarios, encierros, vergüenzas, miedos y terrores, a dejar atrás las viejas ropas, a salir a bailar. Si tuviéramos fe… ya lo escuchamos la semana pasada.

Exhorto a quien quiera sanarse a levantarse, como el leproso. El texto muestra que ni el propio Jesús quiere al hombre a sus pies. Lo quiere de pie. De modo que nadie ni nada merece que nos pongamos de rodillas y nos sometamos.

Y lo que toca por nuestra parte es recibir, ver y agradecer. ¡No es tanto y es gratis!

Recibir, ver y agradecer, ahora y otra vez…, volver al lugar exacto donde se me abrieron los ojos y reconocí a la hermana, a la negra y al tiñoso como otros yo en camino, volver para junto con ellxs recibir la sanación y volver a dar las gracias. Siempre

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