Unas palabras sobre la autora

Mujer y sacerdote católica, carne y alma

Christina Moreira, una francesa que vive en España, ejerce su ministerio en una pequeña comunidad de base puesta a su cuidado pastoral, cargo que le ha sido encomendado por la asamblea comunitaria. En marzo de 2015, fue ordenada sacerdote por la obispo Bridget Mary Meehan, en Sarasota, Florida (EE.UU. – por aquel tiempo, Christina vivía en América del Sur). Su ordenación fue posible gracias al movimiento de Mujeres Sacerdotes Católicas Romanas (ARCWP- RCWP), al que ella pertenece. (http://romancatholicwomenpriests.org/NEWhistory.htm).

 

Mujer y sacerdote católica, carne y alma

El Papa acaba de ratificar, por tercera vez en su pontificado, que jamás, nunca jamás, habrá mujeres sacerdotes católicas porque san Juan Pablo II lo ha decidido así. Eso hace que me pellizque para comprobar si de verdad existo, yo, mujer y sacerdote, de carne y hueso, dotada de un alma, creada a imagen de Dios; ordenada según el rito romano y dentro de la sucesión apostólica.

De entrada dejo claro que conozco los cánones (las leyes canónicas de la Iglesia) que conciernen a mi género, los que sancionan no tanto la ordenación sino el hecho de que yo sea mujer y ordenada: es mi feminidad y no otra cosa lo que me acarrea la más grave de las sanciones. Y no ignoro que algunos lo consideran una falta por lo menos equiparable a las peores infamias cometidas contra los niños. Me tomé para mí la libertad de desobedecer una regla injusta, y de obedecer más bien a Dios antes que a los hombres; en suma, de cumplir, en tanto que humanamente pueda, mi mandato de apóstola.

Cuando la vocación se abre paso, por fin, en mi mente, comienza un proceso largo, donde la cabeza y el cuerpo fingen no comprender, y el corazón entra en pánico. Pero me doy cuenta de que la palabra imposible no existe en el léxico divino. Entonces, me dispongo para obedecer a esta llamada, aquello que otras mujeres ya hacen desde el 2002.  Es así como entro a formar parte de una comunidad de mujeres sacerdotes católicas romanas, de diaconisas y obispas, un movimiento que se quiere dinámico y en búsqueda, desde ahora mismo, de un nuevo modelo de Iglesia.

Dos asociaciones hermanas, ARCWP (Asociación de Mujeres Sacerdotes Católicas Romanas, Asociation of Roman Catholic Women Priests)[1], y RCWP (Mujeres Sacerdotes Católicas Romanas, Roman Catholic Women Priests), posibilitan las ordenaciones y acogen estos círculos de mujeres quienes se apoyan mutuamente, reflexionan y rezan juntas. En esa dinámica de fe y comunidad, reconfiguran la Iglesia, que no es la de mañana sino más bien la de hoy, pues ya somos más de 200. Así pues, ¿cómo es que no nos vemos? En realidad, nosotras estamos presentes de igual modo en las redes sociales que en el terreno pastoral, compartiendo con comunidades vivientes, y sobre todo, cerca de los-las más excluidos-as.

Nosotras proclamamos alto y fuerte, que amamos a nuestra Iglesia y que esperamos permanecer en ella[2], pero también somos conscientes de que el viejo molde no nos puede aceptar fácilmente. De hecho, muchos saben que el voto de celibato impuesto a valientes hombres durante siglos (no tantos como siempre se ha creído), no va a durar. Su imposición indiscriminada ha sido una fuente de sufrimiento y de anti-testimonio cristiano. Hubiera sido más fácil que cada uno, en conciencia, optara por algún modo de vida, discerniendo acerca de sus disposiciones y medios.

En nuestro movimiento, la libertad es fundamental; no hay ofrenda real de la vida o compromiso válido sin el ejercicio de la libertad. La libertad de amar es primordial y debemos preservarla. De esta forma, tenemos la oportunidad de casarnos, antes o después de la ordenación. Nos tomamos un tiempo para construir, en la alegría y la esperanza, una comunidad de iguales, de funcionamiento circular y democrático, que vaya tomando cuerpo al mismo tiempo que nuestras comunidades se vayan consolidando alrededor de estos mismos valores.  Poco a poco, vamos borrando del lenguaje, de las mentalidades y de la realidad material, la división clérigo-laico. Para nosotras, se trata de avanzar, aquí y ahora, hacia una ministerialidad diversa y vital, donde cada persona pueda poner sus carismas al servicio de los demás y de su propia realización. La tarea es vasta y difícil, ya que las viejas estructuras se resisten a morir; pero las pluralidades culturales, de lenguas y los códigos simbólicos, nos obligan a menudo a ponernos a discutir, a dudar y, a veces, a empezar de nuevo todo.

Mi vocación, tal como la vivo, no me exige cortar lazos sino crearlos. La familia es para mí el lugar por excelencia, el lugar natural del encuentro de lo divino y de lo humano. Jamás fue cuestión de renunciar a tener una familia. Así como no podría cortar con mis lazos ancestrales humanos que tejen mi historia; no sabría cortarme de la tierra, de lo viviente, que también es el medio donde Dios se manifiesta. ¿Por qué romper lazos en lugar de construirlos?

La misma vocación me obliga a dar, o más bien, a compartir la Vida, y la vida es lo que se vive; es producto de un parto. En la homilía de mi ordenación presbiteral, la obispa evocaba nuestro papel de comadronas del Espíritu. Me reconozco en esta tarea de traer a la luz, en lo concreto y la materia, al Espíritu, la Bendita Ruah, respiración divina que habita toda cosa y toda persona, y toda-o bautizada-o.

Polarizamos todo el sentido de lo sagrado en los sacerdotes y ¿todavía se necesita decirlo? esto lo convierte en poder y a ellos en hombres de poder. Toda la escala piramidal de las personas ordenadas en el seno de la Iglesia católica romana es muestra de esta perversión del sentido del poder. Pienso que el poder vertical no tiene lugar en el seno de una comunidad de hermanos y hermanas, es un poder que somete al otro, y más a la otra. Pues es un poder que anula la potencia del Amor, la única potencia a la que deseo hacer mi fuente de sentido, para una búsqueda que es el único impulso vital que realmente da valor a mi vida de bautizada. ¿O es que no está presente esta búsqueda ardiente en el corazón de cada humano, con más razón en el corazón de cada discípulo y discípula de Cristo, eso que es cada persona bautizada?

Y ahí es donde la voy a buscar, esa es mi tarea, despertar al Espíritu que duerme en mis hermanos y hermanas. Despertar la Respiración Divina en toda la Creación porque la busco en todas partes. Es la razón de mi vida. Como María de Nazaret, “la primera que se puso en camino”, mi modelo me invita a volver al medio divino que es la familia de Dios encarnado, presente en la carne, en todas las carnes,  sea cual sea la senda que tome el amor en esas carnes. El amor es amor, bajo todas sus diversas formas, es lo mismo, nacido de la Gran Fuente de Amor.

La comunidad, entendida como familia aumentada, y radicalmente inclusiva y acogedora, lugar por excelencia donde se comparte del Pan y la Palabra, es una nueva eclesiología puesta ya en obra en nuestro movimiento. Todos deberíamos estar preocupados por la pobreza de las respuestas al llamado de servir en la Mesa del Señor, quien nos llama colectivamente. Mi ministerio se inscribe en el caminar de la comunidad-familia. Sin ella, mi llamado no tiene ninguna razón de ser.

De ahí se desprende una disponibilidad total, una apertura a la vida y al Espíritu, la escucha constante y la atención a los signos, sobre todo en quienes sufren. Disponibilidad para las sorpresas, las que desvían y desacomodan, como sucedió con Myriam de Magdala. Disponibilidad para llamar la curación, la sanación de la mente y del cuerpo, del cuerpo social y familiar.

Con la ayuda de Dios y de la gente de su Casa, mi comunidad. Amen.

Christina Moreira – galilea.luz@gmail.com

Traducción española: Vicente Valenzuela

Post original en francés: http://alpha.comitedelajupe.fr/?q=content/femme-et-pr%C3%AAtre-catholique-chair-et-%C3%A2me

Cuenta de Facebook: https://www.facebook.com/luz.galilea

Blog (en español) donde publico homilías destinadas, en principio, a mi comunidad en España y a mis amigos y amigas de Suramérica: https://lashomiliasdeluz.wordpress.com/

[1] http://arcwp.org/en/biographies/#C

[2] http://bridgetmarys.blogspot.com.es/2016/03/why-catholic-woman-would-like-to-remain.html

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